ANÁLISIS
 
Una visión analítica del Plan de Separación Israelí y los elementos de la respuesta propuesta
 
El plan actual y la respuesta perdida
Por: Qais Abdel-Karim (Abu Laila)*
5 de noviembre del 2004
 

Primero: Antecedentes del Plan de Separación:

La ejecución de la Hoja de Ruta llegó a un callejón sin salida desde que el Comité Cuatripartito la entregara a las partes interesadas, en el mes de abril del 2003, debido a que el gobierno de Sharon anunció su aceptación formal a este proyecto, pero solo bajo la condición de una serie de observaciones (14 en total), que se adjuntaron a la decisión presentada por el gobierno y pasaron a formar parte de ella. Esas observaciones privan al texto original de la Hoja de Ruta no sólo de su contenido positivo sino también del necesario equilibrio como supuesta solución intermedia entre ambas partes y le deja a los palestinos solamente las obligadas exigencias de seguridad y otras “reformistas” (es decir, aquellas relacionadas con la reconstrucción de sus instituciones).

La Hoja de Ruta fue presentada a la parte palestina como algo para ejecutar y no para negociar con la promesa norteamericana de no modificar ni una de sus letras, lo que ayudó a persuadir a la dirección palestina a anunciar su aceptación previa e incondicional. Pero esa promesa norteamericana perdió rápidamente su valor -algo que ya se vislumbraba- cuando la administración Bush anunció -aún cuando no pretendía modificar el mapa- que tomaría en consideración los 14 planteamientos israelíes al respecto y que patrocinaría su aplicación.

Esa posición norteamericana fue asimilada rápidamente en el texto de las declaraciones intercambiadas por las partes participantes en la Cumbre de Al-Aqaba, que fueron negociadas y acordadas con Estados Unidos.

Washington asumió de manera absoluta el proceso de aplicación de la Hoja de Ruta obviando el esfuerzo colectivo del Comité Cuatripartito, lo que -en el contexto de la promesa norteamericana a Israel- condujo prácticamente a privar al Plan de su equilibrio, del factor mutualista y de la simultaneidad en la ejecución de los pasos requeridos por ambas partes, además de descartar la censura internacional.

Esa falta de correlación condujo al desmoronamiento del proyecto que aún se encuentra en la fase inicial representada por el llamado “cese de la violencia”. A pesar de que la parte palestina cumplió de manera rigurosa con la tregua global por más de 50 días, Israel continuó las operaciones de destrucción, asesinatos y detenciones en concordancia con una de las observaciones más notorias hechas a la Hoja de Ruta: que lo estipulado en cuanto al “cese de la violencia” no obliga a Israel a limitar su guerra contra lo que llama “organizaciones terroristas”.

La suspensión de la tregua frenó totalmente el proceso de aplicación del Mapa de Ruta que se encuentra en un estado de muerte clínica. No obstante la reactivación de la resistencia con un ímpetu mayor tras la rotura de la tregua y el continuo incremento del carácter masivo de la Intifada, pusieron de manifiesto inmediatamente el cada vez más agudo callejón sin salida en el que cayó Israel. En sólo unas pocas semanas los dirigentes de las instituciones militares y de seguridad, incluidos los más extremistas, comenzaron a reconocer el fracaso de la “opción militar” frente a la Intifada que constituyó el eje de la estrategia del gobierno de Sharon. Así comenzó a cristalizar en la dirección israelí la idea de la desvinculación unilateral, cuya adopción fue anunciada públicamente por Sharon en un discurso pronunciado ante el Congreso de Hertsilia, a finales del pasado año.

Durante los cuatro meses posteriores a ese anuncio el proceso de cristalización de los factores de este proyecto unilateral en los forums sionistas de toma de decisiones estuvo acompañado por un intenso esfuerzo negociador entre israelíes y norteamericanos a diferentes niveles, que culminó con varias rondas de conversaciones entre Dov Weisglass, Jefe de Despacho de Sharon, y Condoleezza Rice, Asesora de Seguridad Nacional de la Administración Bush.

Segundo: La versión original del Plan de Sharon

Según la correspondencia intercambiada entre el Presidente Bush y Ariel Sharon, el 14 de abril último, y la carta enviada por Wiesglass a Condoleezza Rice sobre las medidas a tomar para poner en práctica los compromisos israelíes definidos en ambas misivas, el proyecto divisorio unilateral se convirtió en un mutuo compromiso oficial norteamericano-israelí. El análisis de las cartas intercambiadas indica que ese proyecto invalida la Hoja de Ruta, al despojarla de su contenido y adoptar, completa y casi textualmente, las 14 observaciones hechas por el gobierno israelí, que adjuntó al plan en calidad de condiciones planteadas para su aprobación.

Ambas cartas, la de Sharon y la de Wiesglass, así como el Proyecto Divisorio adjunto a esas misivas, hablan de que Israel evacue todos los asentamientos de la Franja de Gaza y otros cuatro pequeños y aislados, situados al Norte de Cisjordania. También pide el despliegue de sus fuerzas en la “cubierta terrestre exterior” de la Franja, conservando el control de Filadelfia, aledaña a la frontera egipcia (con su posible ampliación en algunas zonas) y de los espacios aéreo y marítimo de Gaza. El Proyecto deja abierta la posibilidad de evacuar Filadelfia en caso de que se llegue a un acuerdo apropiado con Egipto e igualmente le otorga a Israel el derecho de intervenir militarmente en Gaza, incluyendo la realización de “ataques preventivos y la utilización de la fuerza en respuesta a cualquier amenaza que pueda provenir de esa zona”.

El Proyecto se compromete a concluir la evacuación a finales del año próximo, mientras que reafirma la “acelerada” construcción del “Muro de Seguridad” a tenor de las resoluciones del gobierno de Israel por considerarlo “una barrera de seguridad y no una barrera política y provisional”.

Los compromisos contenidos en la carta de Bush, a cambio de esos prometidos pasos israelíes, constituyen una total respuesta norteamericana, documentada oficialmente, a las 14 observaciones hechas por Israel. El más importante de esos compromisos es el relacionado con la cuestión del arreglo permanente: eliminar el compromiso norteamericano de que los refugiados palestinos retornen a sus hogares, exhortar a que sean asimilados por el futuro Estado Palestino y que Washington se comprometa a reconocer el derecho de Israel a una “frontera de seguridad que pueda ser defendida”. Ello significa -según la carta de Bush- que “cualquier acuerdo sobre el status permanente no podrá ser ejecutado sino sobre la base de modificaciones aprobadas” a las “líneas de la tregua del año 1949”, que tomen en cuenta “las nuevas realidades creadas en el terreno incluyendo los principales centros poblacionales israelíes existentes realmente”. Ese texto no solo incluye la adjudicación de una falsa legalidad a la ilegal colonización israelí sino que llega al extremo del compromiso de Estados Unidos, supuesto patrocinador principal del proceso de paz, de que no es posible llegar a un arreglo permanente si la parte palestina (y la árabe) no acepta incluir en Israel los principales bloques colonialistas.

Los compromisos norteamericanos no se limitan a las negociaciones sobre la situación permanente, que constituye la tercera etapa de la Hoja de Ruta, sino que también incluyen importantes compromisos relacionados con la primera etapa de

dicho plan que se alinean totalmente al concepto israelí expresado en las 14 observaciones:

Apoyar la posición israelí de que el compromiso de detener la violencia no limita el derecho de Israel a “defenderse contra el terrorismo incluyendo ataques a organizaciones terroristas”.

Tener en cuenta la continuación de la construcción del Muro Divisorio israelí y su aprobación tácita con el pretexto de que es un muro de seguridad y no político, provisional y no permanente.

Exonerar a Israel de la obligación de suspender las actividades colonialistas de forma total incluyendo el “crecimiento natural” y permitirle continuar la construcción y desarrollo de los asentamientos dentro de lo que se denomina “líneas de construcción”, que serán definidas por un equipo israelí en coordinación con el embajador norteamericano Dan Kertzer.

En lugar de desmantelar todos los focos colonialistas establecidos en marzo del año 2001, tal y como lo estipula la Hoja de Ruta, las misivas intercambiadas (entre Tel Aviv y Washington) hablan de “eliminar los focos colonialistas no autorizados”.

Desestimar cualquier señalamiento sobre la obligación de levantar el cerco impuesto a las instituciones de Jerusalén según lo estipulado por la Hoja de Ruta en su primera etapa.

En lugar de “construir las instituciones” palestinas y reformarlas según plantea la Hoja de Ruta, las misivas intercambiadas hacen hincapié en la necesidad del surgimiento de “una nueva dirección” (palestina) que coopere con Israel en la guerra contra el “terrorismo” y el desmantelamiento de las “organizaciones terroristas”.

Considerar el surgimiento de “una nueva dirección” (palestina) que combata el “terrorismo” como una condición necesaria para el avance en la aplicación de la Hoja de Ruta, significa, además, adoptar el concepto de “aplicación sucesiva” y no por medio de pasos mutuos y equilibrados tal y como señala el texto del plan.

Tercero: El Proyecto Modificado establecido por el Gobierno Israelí.

A pesar de esos generosos compromisos por parte de Estados Unidos, el Plan de Sharon fue sometido a una difícil negociación dentro de su partido y gobierno. El fracaso del plan en obtener la mayoría en el referéndum del Likud, abrió la puerta a complejas discusiones con los ministros de la coalición gubernamental durante las cuales el proyecto original fue sometido a una serie de modificaciones dirigidas a restarle importancia a los compromisos israelíes contenidos en dicha propuesta, después de haber cobrado su precio de Washington. Los dolorosos golpes militares recibidos por las fuerzas de ocupación a manos de la resistencia en el barrio de Al-Zeitun y luego en Rafah y la gran marcha llevada a cabo en la Plaza Rabin, en Tel Aviv, para exigir la inmediata salida de Gaza, fueron los factores decisivos que hicieron poner fin a la política dilatoria dentro del gobierno y establecer el denominado “Plan de Separación Modificado”.

La resolución al respecto adoptada por el gobierno israelí el seis de junio pasado se adhiere a los compromisos norteamericanos que aparecen en la carta del Presidente Bush, pero carece de todo compromiso en cuanto a la retirada o evacuación de asentamientos por lo siguiente:

La resolución incluye la carta del presidente norteamericano por considerarla parte de ella (anexo b), pero no dice si el gobierno aprobó la misiva dirigida por Sharon a Bush en igual fecha.

Según la resolución, el gobierno solamente aprueba la “ejecución del trabajo preparatorio” que abarca la “definición de las normas y principios para la evacuación, compensación, colonización alternativa y preparación de las legislaciones necesarias”. Únicamente después de concluido el trabajo preparatorio (el cual anunció que se extenderá hasta marzo del 2005) “el gobierno volverá a sesionar para analizar por separado y adoptar un acuerdo sobre la evacuación o no de los asentamientos (los que la resolución clasifica en cuatro grupos), cuáles serán evacuados y de qué forma según las circunstancias existentes en ese momento”. (Esta fórmula aparece reafirmada cuatro veces en la resolución).

En el plan original adjunto a la carta dirigida por Sharon a Bush, se refleja el compromiso de que “el proceso de evacuación se planificó para que concluya a finales del año 2005”; pero la resolución del gobierno ignora ese compromiso y se limita a señalar que “el propósito es completar la evacuación a finales del 2005”.

En cambio, la resolución reafirma “la continuación de la construcción del Muro de Seguridad según las resoluciones conexas emitidas por el gobierno”. Asimismo, autoriza a continuar la ejecución de los planes de construcción y desarrollo comenzados en los asentamientos propuestos para ser evacuados. Una comisión especial de exenciones es la encargada de otorgar el derecho a autorizar la ejecución de planes similares que aún no se han puesto en práctica.

La resolución del gobierno mantiene lo estipulado en el plan original en relación a la preservación del control israelí sobre las fronteras terrestres de Gaza y su espacio aéreo y marítimo y del derecho a intervenir militarmente en este territorio palestino con el pretexto de la “autodefensa”.

Cuarto: Objetivos reales del Plan Israelí.

En ese contexto, continuar considerando el Plan Israelí Modificado como el eje central para la retirada de Gaza es caer en las redes de la fantasía hacia la cual el gobierno sionista trata de arrastrar al mundo para ocultar la esencia de su plan, que no es más que ganar tiempo para concluir la construcción del muro anexionista, divisorio y racista en Cisjordania, así como fortalecer la presencia colonialista en las zonas que quedarán aisladas. Todo ello con el objetivo de crear realidades sobre el terreno que impongan de manera unilateral el contexto para el arreglo permanente definido con claridad meridiana en el proyecto de separación en el párrafo siguiente: ”en cualquier acuerdo futuro sobre el status permanente no habrá colonización israelí en Gaza; pero obviamente en Cisjordania se mantendrán algunas zonas como parte del Estado de Israel, entre ellas bloques centrales de colonización judía, ciudades (colonialistas) civiles, zonas de seguridad y otros sitios para intereses adicionales”. (Este inciso aparece en el plan original adjunto a la carta enviada por Sharon a Bush. En el Plan Modificado se mantuvo el texto original al que se le añadió la frase:”bloques centrales de colonización judía”). En ese contexto el Plan de Separación persigue lo siguiente:

Eliminar la Hoja de Ruta de la agenda internacional y sustituirla por un mapa israelí rectificado que incluya las 14 observaciones ya conocidas y que cuente con la aprobación norteamericana.

Atribuirle al Muro Racista Divisorio una legalidad falsa, o por lo menos una aceptación implícita, con el pretexto de que no es permanente, de seguridad y no político y detener el rechazo internacional a su construcción.

Eludir la exigencia de suspender las actividades colonialistas estipulada por la Hoja de Ruta y comprar la complicidad norteamericana con la reanudación y aceleración de la expansión colonialista de los llamados grandes bloques colonialistas.

Obtener la aprobación norteamericana del concepto expansionista israelí sobre el arreglo permanente, incluyendo lo relacionado con las fronteras permanentes y los refugiados.

Obligar a la parte palestina a considerar, como un hecho consumado, la idea del Estado con fronteras provisionales y, por consiguiente, con el Proyecto de arreglo transitorio a largo plazo.

Todo lo anterior no niega el propósito de Sharon de abandonar la Franja de Gaza (en los límites señalados en el proyecto) aunque pone de relieve que el Plan Modificado es un intento por obtener lo máximo posible y reducir al mínimo los daños que se derivarán de esa evacuación forzosa como resultado del callejón sin salida cada vez más profundo en el que se encuentra Israel, tanto a nivel de seguridad como económico y moral por los efectos de la Intifada y el fracaso de la opción militar puesta en práctica por Sharon durante los tres primeros años de su gobierno. No obstante, el Plan de Separación (en sus dos versiones: la original y la modificada) aún no hace referencia a la maduración de la opción representada por la solución política equilibrada considerada la verdadera y única salida del atolladero, sino que es un intento por dejarla a un lado a través de una maniobra estratégica a largo plazo encaminada a crear las condiciones para el arreglo que garanticen las ambiciones expansionistas israelíes o, por lo menos, lo esencial de ellas.

Quinto: Desconcierto de la posición palestina ante el Plan Israelí.

La posición palestina en general aún se caracteriza por el desconcierto ante el Plan Israelí, situación que se agudiza por las presiones internacionales y regionales que exhortan a considerar el plan como una oportunidad histórica que se debe aprovechar. Este desconcierto se manifiesta de diferentes formas:

La acogida, aunque condicionada, de la retirada de Gaza y la evacuación de los asentamientos, lo que le facilita a Israel crear la falsa impresión de que ello constituye el eje central de su plan y, lo más importante, suprimir la otra parte del plan relacionada con el Muro de Seguridad y la expansión colonialista en Gaza y obviar las exigencias de la Hoja de Ruta.

Concentrarse en criticar el plan desde el punto de vista de que es una medida unilateral que se lleva a cabo sin previa coordinación con la Autoridad Palestina, lo que crea una impresión errónea de disposición a tratar el plan como si fuera resultado de la coordinación entre ambas partes.

Hablar de la necesidad de vincular el proyecto de Sharon con el proceso de ejecución de la Hoja de Ruta, lo que significa fomentar las ilusiones que encubren la verdadera contradicción entre el Plan de Separación (ya sea original o modificado) y el Plan de la Hoja de Ruta. Sobre esa contradicción deben concentrarse los esfuerzos diplomáticos y propagandísticos palestinos a fin de darla a conocer.

Dejarse llevar por la quimera del “enfrentamiento político al Plan Israelí con el objetivo de mejorar sus condiciones y hacerlas coincidir con la Hoja de Ruta”, pues ello conduce prácticamente a convertir el Plan de Separación en la base de las negociaciones en lugar de la Hoja de Ruta original aprobada por el Comité Cuatripartito y, por consiguiente, le facilita al gobierno de Sharon lograr los objetivos de su maniobra.

En lugar de impedir el tratamiento internacional al Plan Israelí y presionar a las fuerzas internacionales y regionales para que se abstengan de cooperar con su aplicación, esa confusión palestina y la falta de una respuesta nacional cohesionada, posibilitan que la maniobra israelí centre la atención y se convierta en el eje de las acciones y los esfuerzos políticos a nivel internacional y regional en lo que dichas fuerzas comienzan paulatinamente a tratar el Plan de Separación por ser (o con el pretexto) el único plan planteado, de esta manera sustituyen al Plan de la Hoja de Ruta, aun cuando esa consideración haya estado acompañada de planteamientos engañosos que hablan de convertirlo en un paso inicial para llevar a cabo la Hoja de Ruta.

Los indicios de esa inclinación auguran efectos catastróficos para la posición palestina e imponen la necesidad de salir rápidamente de ese círculo de confusión y cristalizar una respuesta palestina efectiva y cohesionada.

Sexto: La debida respuesta palestina y el plan para el enfrentamiento.

La posición palestina en cuanto al Plan de Separación Modificado debe partir de que la verdadera esencia de esa propuesta no es la retirada de Gaza y la evacuación de sus asentamientos, sino concluir la construcción del muro, ampliar los asentamientos en Cisjordania, ignorar las exigencias de la Hoja de Ruta y destruir los pilares sobre los que se sustentó el proceso de paz en lo relacionado con la solución permanente (específicamente lo referente a las fronteras, Jerusalén y los refugiados) lo cual significa:

1- Reafirmar el rechazo al Plan Israelí, pues contradice las exigencias de la paz y la legalidad internacional y es incompatible con la Hoja de Ruta. Por lo tanto, no puede constituir una oportunidad o una puerta para el avance hacia el logro de la paz, ya que la verdadera y única opción sería que el Comité Cuatripartito cumpla con su deber en el establecimiento de un plazo de tiempo determinado para cumplir los compromisos mutuos estipulados por la Hoja de Ruta y el control del proceso de ejecución a través de una fuerza internacional eficaz.

Destacar la prioridad de enfrentar la construcción del Muro Divisorio y Racista y la expansión colonialista ya sea a nivel popular, político o diplomático, así como trabajar por recuperar el papel central que ocupa ese asunto en el centro de interés internacional y frustrar los intentos de Israel por desviar la atención para centrarla en el tema de la evacuación de Gaza.

Exhortar al Comité Cuatripartito a acelerar la celebración de la conferencia internacional de paz en aras de reafirmar las bases del proceso de paz, cumplir las resoluciones de la legalidad internacional al respecto, así como destacar esta convocatoria por considerarla el eje de la acción política y diplomática palestina y no solo como una posición propagandística.

Debido a que el Plan Israelí no es más que una maniobra estratégica a largo plazo, la respuesta palestina eficaz debe ser estratégica y a largo plazo traducida en la reorganización de las filas patrióticas palestinas y la consolidación de su unidad para continuar la batalla contra la agresión y la ocupación, así como garantizar las bases de la resistencia a través de un proceso de reforma global sobre la base de la participación colectiva. El documento aprobado por los destacamentos de la OLP en Ramallah y Gaza, el pasado mes de marzo, constituye un marco apropiado para el programa nacional encaminado a la consecución de ese objetivo, para lo cual se requiere comenzar a establecer los mecanismos prácticos para su ejecución por parte de la dirección de la OLP, sus destacamentos e instituciones incluyendo a la Autoridad Nacional Palestina y, al mismo tiempo, continuar el diálogo sobre ese tema con las fuerzas islámicas hasta el logro de denominadores comunes.

Ese programa exhorta a consolidar el consenso nacional para continuar la Intifada hasta alcanzar su objetivo estratégico, que es expulsar a los invasores israelíes de todos los territorios ocupados a raíz de la agresión de junio del 1967, evacuar los asentamientos, establecer un Estado Palestino independiente totalmente soberano con Jerusalén como capital y el derecho de los refugiados a retornar a sus hogares según la resolución 194. El programa define con exactitud los medios a emplear en la lucha para llegar a ese objetivo incluyendo la resistencia legítima, evitar que los civiles sean tomados como blanco de ambas partes en conflicto y exhortar, además, a crear una dirección nacional unificada que logre la participación de todos en la toma de decisiones. También llama a activar las instituciones de la OLP, fortalecer su papel de dirección colectiva y establecer un gobierno de unidad nacional en el que participen todas las fuerzas patrióticas e islámicas.

A fin de fortalecer los pilares de la resistencia en la larga lucha contra la ocupación y la agresión, el programa establece un plan claro para la reforma democrática global que garantice la reconstrucción de todas las instituciones nacionales sobre bases democráticas, pone fin al caos, fortalece la soberanía de la ley y el poder de la justicia, erradica la corrupción y reparte la carga económica de forma equitativa entre los diferentes sectores del pueblo. El programa trata con mucha precisión las tareas de la preparación para enfrentar los desafíos que se deriven de cualquier paso unilateral por parte de Israel según expondremos más adelante.

Los pasos más importantes y perentorios para la ejecución de ese programa se traducen en la celebración de elecciones en las entidades del gobierno local y en llevar a cabo una preparación seria para las elecciones generales. Además de que esos comicios representan un paso inicial para la organización de la situación interna sobre la base de la participación democrática y de la unidad nacional global, las cuales (por formar parte de las obligaciones impuestas a la Autoridad Palestina por la Hoja de Ruta), pueden ayudar a enfrentar las presiones externas que enarbolan la bandera de la reforma, a poner al descubierto la falacia de la ausencia del socio palestino, a atraer la atención de la opinión pública internacional y a hacer fracasar las engañosas operaciones israelíes. En ese sentido es posible adoptar los siguientes pasos de manera urgente:

Ampliar la comisión suprema electoral para los organismos del gobierno local con la participación de los representantes de las fuerzas políticas, llevar a cabo, de forma urgente, las modificaciones a la ley propuestas, comenzar realmente el proceso de inscripción de los electores, establecer un calendario para cumplir con las etapas del proceso electoral en un período no mayor de un año, así como consagrar todas las energías y los esfuerzos para garantizar el cumplimiento de ese calendario.

Comenzar un serio proceso de preparación de las elecciones generales:

Concluir rápidamente la modificación de la ley sobre la base del sistema de representación mixta (porcentual más circunscripcional), la cuota femenina, disminuir la edad para la candidatura (teniendo en cuenta que la revisión de la ley electoral y su modificación es una de las obligaciones que nos plantea la Hoja de Ruta).

Llevar a cabo, de manera urgente, el proceso de inscripción electoral y demás acciones administrativas preparatorias requeridas por las elecciones.

Dirigirse a la comunidad internacional, en específico al Comité Cuatripartito, sobre la base de la credibilidad que otorgan esos preparativos a la seriedad del propósito palestino de celebrar las elecciones, para así presionar a Israel para que ponga fin al cerco, elimine los puntos de control y se retire a las posiciones anteriores a la Intifada, lo que garantizará las condiciones necesarias para realizar unas elecciones libres y honestas, asesoradas y supervisadas de forma internacional.

En el contexto de esa posición nacional deben ubicarse los preparativos necesarios para enfrentar los desafíos que se deriven de cualquier paso unilateral dado por Israel, incluyendo la posibilidad de que se retire y evacue los asentamientos en la Franja de Gaza. Esos preparativos deben basarse en:

Considerar la retirada de las fuerzas de ocupación y de los colonos de cualquier porción de los territorios palestinos ocupados como un logro de la lucha nacional palestina que debe llevarse a cabo sin dictados o condiciones injustas impuestas a la parte palestina. En lugar de acoger de forma engañosa cualquier paso unilateral, la dirección palestina debe declarar que no se opone a la retirada unilateral, pero que ello no entraña compromiso alguno para ella, y a la vez rechazar cualquier intento de Israel de cobrar un precio por esa retirada con lo que evitaría cumplir los compromisos internacionales, tal y como lo estipula la Hoja de Ruta.

La retirada unilateral no conducirá al establecimiento de la seguridad y la estabilidad, si no forma parte de un proceso global para llevar a la práctica la Hoja de Ruta de acuerdo con un programa definido supervisado por fuerzas internacionales eficaces, hasta lograr poner fin a la ocupación, eliminar los asentamientos en todos los territorios ocupados en 1967, así como lograr un arreglo permanente según las resoluciones conexas de la ONU.

Crear el consenso palestino global de que la Autoridad Palestina es la llamada a asumir la total responsabilidad en las zonas que sean evacuadas, según un plan nacional que aprueben y participen en su ejecución todas las fuerzas nacionales e islámicas y que abarque las siguientes esferas:

1-3: En la esfera de seguridad:

La Autoridad Palestina establecerá, conjuntamente con todas las fuerzas nacionales e islámicas, un plan global para hacerse cargo de la seguridad, preservar el orden público, afianzar la estabilidad en las zonas evacuadas por las fuerzas de ocupación, que impida el caos y permita imponer la ley. El plan incluye, además, reformular la estructura de los aparatos de seguridad, su readiestramiento, así como elevar el nivel de disciplina, disposición y obediencia a la ley entre sus filas.

En caso de una retirada israelí de Gaza o de cualquier otra zona de nuestros territorios ocupados, la parte palestina acogerá el despliegue de fuerzas internacionales en esas zonas con la condición de que formen parte de una fuerza internacional efectiva que controle y ejecute la Hoja de Ruta, bajo el control del Comité Cuatripartito internacional hasta lograr el cese de la ocupación.

En caso de una retirada israelí total de Gaza y de la zona fronteriza con Egipto, incluyendo las fronteras de junio de 1967, las fuerzas de la resistencia, considerando el interés nacional supremo, analizarán la posibilidad de detener cualquier acción proveniente de Gaza contra Israel, preservando el derecho a la autodefensa contra cualquier agresión israelí al territorio de Gaza, sus aguas territoriales o su espacio aéreo.

La retirada unilateral israelí de Gaza no entraña ningún compromiso para la parte palestina en cuanto a la legítima resistencia contra la ocupación en el resto de las zonas ocupadas en 1967.

En caso de una retirada total de Gaza el plan de seguridad regulará la tenencia de armas por parte de los ciudadanos según la ley, prohibirá la aparición en público portando armas y encontrará una fórmula para reestructurar los grupos de la resistencia en Gaza en el marco de las fuerzas armadas oficiales.

2-3: En la esfera económica y administrativa:

La Autoridad Palestina, en coordinación con todas las fuerzas nacionales e islámicas, establecerá un plan para preservar y reconstruir las instituciones públicas, los territorios agrícolas y habitacionales, las instituciones económicas y la infraestructura en las zonas que sean evacuadas, para garantizar su adecuada utilización en beneficio público y en provecho de los ciudadanos.

Todo ello según normas acordadas sobre la base de la justicia y la equidad, lejos del nepotismo, los privilegios y el aprovechamiento de la influencia, tomando en cuenta que la prioridad la tienen los sectores más afectados por la agresión israelí.

3-3: Mecanismos para la participación:

Partiendo de la reafirmación del principio de participación colectiva en los asuntos nacionales por parte de todas las fuerzas nacionales e islámicas, estas fuerzas tienen derecho a participar en la ejecución de los planes de seguridad, económicos y administrativos anteriormente señalados, acorde a los siguientes requisitos:

Que el contexto de la participación no se limite a Gaza, sino que adopte una dimensión nacional global que signifique la participación en las instituciones de la OLP a través de la dirección nacional unificada como una fórmula provisional hasta tanto se realicen las elecciones democráticas en dichas instituciones, así como la participación en las instituciones de la Autoridad Nacional a través de un gobierno de unidad nacional que se prepare para celebrar elecciones legislativas y presidenciales generales.

Rechazar cualquier idea sobre la creación de una administración especial para Gaza que podría conducir a tratar como un hecho consumado los objetivos del Plan Separación Israelí encaminado a dividir el territorio palestino en cantones aislados y a la aceptación implícita de la idea de un estado con fronteras provisionales.

Participar en la administración de las zonas evacuadas por medio de las instituciones electas para el gobierno local.

La disposición a garantizar mecanismos y fórmulas para la participación antes mencionada, de manera que preserve la unidad de la Autoridad Nacional Palestina, requiere acelerar la celebración de las elecciones en los organismos de gobierno local en Cisjordania -incluyendo Jerusalén- y Gaza, así como acelerar los preparativos para las elecciones legislativas y presidenciales por medio de la modificación de la ley electoral y la realización del empadronamiento sobre esa base acorde a lo mencionado anteriormente.

4-3: El papel Árabe:

El enfrentamiento al Plan Israelí impone al movimiento nacional palestino velar por la salvaguardia de las relaciones árabes, sobre todo con los países vecinos, y estar alerta para no dejarse arrastrar hacia luchas colaterales que le permitan a Israel realizar sus objetivos en cuanto a sembrar la división y el enfrentamiento árabe-palestino. Queremos un rol árabe efectivo en nuestro apoyo al enfrentamiento a los desafíos que se deriven de cualquier paso unilateral por parte de Israel. Aspiramos a lograr ese rol para que sirva de apoyo al pueblo palestino para enfrentar las consecuencias negativas provocadas por el Plan Israelí en lo relacionado con el destino de Cisjordania y Jerusalén, sobre todo en lo referente a enfrentar la construcción del muro anexionista, divisorio y racista y el desarrollo de los asentamientos.

Estimamos que ese papel debe tener como objetivo impulsar las presiones sobre Israel para que cumpla con sus compromisos en virtud de la Hoja de Ruta sin falsas quimeras respecto al hecho de convertir el plan divisorio unilateral en una oportunidad para agilizar el proceso de paz.

En este contexto, sería muy valiosa cualquier ayuda que brinden los países árabes hermanos en la esfera de seguridad u otra que posibilite a la Autoridad Palestina enfrentar la situación creada por cualquier paso unilateral dado por Israel; pero seria una ayuda bien acogida siempre que esté enmarcada dentro del programa nacional acordado por todas las fuerzas, sobre la base del respeto a la total soberanía palestina. El interés nacional, en esta delicada situación, le exige a todas las fuerzas palestinas solucionar cualquier divergencia de puntos de vista que pueda surgir a ese respecto a través del diálogo sustentado en la adhesión a los lazos de hermandad, destino común y evitando dejarse llevar a batallas colaterales.

*Miembro del Buró Político del Frente Democrático para la Liberación de Palestina

Este análisis fue publicado en varios medios palestinos y árabes

 
 
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