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El futuro de la causa palestina y la región, a la luz de la política del gobierno de Trump
Por: Fahed Sulaiman
7 de marzo 2018
 

Al cabo de un año de asumir el poder y dirigir las riendas de la Casa Blanca, se puede afirmar tajantemente que la política estadounidense, tal como la fórmula del gobierno de Trump, se caracteriza por ser una política ofensiva, se adelanta a todas las filas, irrumpe en todas las posiciones y allana el camino y prepara el terreno a favor de la parte israelí para lograr su proyecto político, manteniendo el fuerte respaldo a los niveles militar, económico y diplomático; mientras tanto, por otra parte y al mismo tiempo, ejerce todo tipo de presiones sobre la parte palestina, sea imponiendo condiciones anticipadas para incorporarse al proceso negociador, al estilo de las condiciones transmitidas a la dirección oficial palestina por Jared Kushner y Jason Greenblatt. Las condiciones planteadas equivalen a aceptar las negociaciones mientras siguen adelante los planes de colonización, frenar la instigación contra la ocupación, o renunciar a los compromisos de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) hacia los prisioneros y familias de los mártires, alegando que tales compromisos apoyan y alientan al terrorismo.

Esas condiciones se extienden más allá para abarcar decisiones estratégicas graves y de grandes dimensiones, como el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel y el traslado de la Embajada de Estados Unidos de América a esa urbe, y decidir su estatus desde arriba y fuera del marco de cualquier proceso negociador acordado entre ambas partes en virtud de los Acuerdos de Oslo (cuyo fracaso quedó probado desde los primeros días). Se pretende decidir la suerte de Jerusalén fuera del marco de las resoluciones de la Legalidad Internacional relativas a la ciudad, siendo parte del territorio palestino ocupado y que no se puede anexar por la fuerza, con el objetivo de imponer un estado de hechos consumados ante todo el mundo y preparar el escenario político con vistas a que la parte israelí emprenda pasos posteriores encaminados en el mismo contexto.

Acto seguido a la decisión adoptada por la Administración Trump respecto a Jerusalén, se produjo la decisión israelí de construir un millón de viviendas para los colonos en Cisjordania, 300 mil de ellas en Jerusalén para inundarla con un millón de nuevos colonos israelíes; decisión que fue acompañada por la separación de 140 palestinos, habitantes de Kafr Aqab y el campamento de refugiados Shafaat y alrededores, de los límites administrativos de la llamada ¨Gran Jerusalén¨, con la intención de alterar el equilibrio demográfico de la población urbana y convertir a los palestinos en minoría. Entre las otras medidas tomadas a raíz de la decisión de Trump, figura la de dividir Cisjordania en tres cantones: norte, centro y sur, y separarlos de Jerusalén; y la decisión de hacer regir la ley israelí sobre las colonias israelíes, lo que significa en la práctica anexarlas oficialmente al Estado de Israel. Y la decisión más reciente pero no la última, es la tomada por la dirección del partido Likud de anexar toda Cisjordania a Israel, y mantener la administración autónoma para los palestinos sobre la población, pero no sobre el suelo, lo cual representa la antesala de la llamada solución permanente de la cuestión palestina.

Por su parte, Trump añadió otra decisión, no menos grave, a la ya tomada con respecto a Jerusalén. La de congelar (o sea, poner fin) a la contribución de Estados Unidos al financiamiento de la UNRWA, como un paso encaminado a disolver su presencia o reimplementar su jurisdicción y limitar sus responsabilidades, geográfica y programáticamente, mediante la eliminación de sus recursos, como un paso previo para una solución de la causa de los refugiados palestinos de modo coincidente con la visión israelí, tanto en lo referente a la definición de refugiado, o mediante una solución que reemplaza ¨el derecho al retorno a los hogares y propiedades¨ por ¨proporcionar un asentamiento permanente a los refugiados¨, que siempre será fuera de los hogares y propiedades de donde fueron desalojados en 1948, y fuera del marco de la resolución 194.

De este modo nos veremos ante una solución permanente y definitiva, cuyos pasos y etapas están siendo trazados de forma unilateral por Estados Unidos, en colaboración con Israel, y está avanzando como una bola de nieve y con una fuerza arrolladora para ser impuesta sobre los palestinos, y a toda la región árabe, en cooperación con algunas partes árabes que renunciaron a sus responsabilidades nacionales descriptas por la Liga Árabe, y morales articuladas en las resoluciones de la ONU, tanto en el Consejo de seguridad como en la Asamblea general. Estos gobiernos árabes actúan en contubernio a partir de infundados pretextos, como, entre otros, alegar que Israel ya no es una amenaza para la región, sino el terrorismo que acoge y propicia Irán.

Estamos ante un giro trascendental tan grave y peligroso como el protagonizado por Anwar Sadat cuando visitó Jerusalén y abrió las puertas a la solución de Camp David. Estas nuevas coyunturas no solo repercutirán sobre la causa palestina, sino que tendrán consecuencias para toda la región árabe. Están dirigidas contra los pueblos árabes, sus Estados, sus riquezas y su futuro. Por esto, planteamos que el deber de enfrentar esos planes no recae solo sobre los hombros del pueblo palestino y su movimiento nacional, sino también sobre los hombros de todos los pueblos árabes y sus fuerzas políticas. La solución regional no se limita al expediente palestino, sino que abarca a toda la región árabe, ante una política feroz que sigue Estados Unidos, con miras a sojuzgar toda la zona a la influencia norteamericana aliada a la influencia israelí. Por tanto, esta es la batalla de toda la región, por lo que impone a los pueblos árabes y a sus fuerzas políticas, el deber de levantarse y enfrentar esa política, de modo tal que todos asumamos nuestras responsabilidades nacionales y patrióticas.

La cuestión no se limita a Jerusalén, sino que amenaza el destino de todos nosotros. Si el pueblo palestino constituye la punta de lanza en el enfrentamiento a este proyecto, el deber de los pueblos árabes y sus fuerzas políticas es librar a su vez la batalla en defensa de sus intereses y su futuro frente al proyecto regional de estados Unidos, cuyos titulares, rasgos y pasos ya se vislumbran con extrema peligrosidad.

La reacción a la decisión norteamericana y a sus repercusiones israelíes ha tenido dos cursos: primero, la Intifada popular palestina, y segundo, la respuesta política y diplomática, tanto en las reuniones extraordinarias de los cancilleres árabes, la Cumbre de Cooperación Islámica en Estambul, el apoyo de 14 naciones en el Consejo de Seguridad a la legalidad internacional con respecto a Jerusalén, como en la derrota sufrida por Estados Unidos en la Asamblea General de la ONU. No menospreciamos esos importantes pasos, sino que reafirmamos la importancia de las gestiones políticas y diplomáticas en los foros internacionales, en particular en la ONU y en la Corte Penal Internacional. No obstante, todo lo que hemos atestiguado hasta el momento no representa el mínimo de la respuesta práctica y efectiva a la decisión de Trump, y las demás medidas israelíes, y ni siquiera se ha elevado al nivel del acontecimiento y su gravedad.

Por otra parte, la Intifada que viven las urbes, aldeas y campamentos palestinos en Jerusalén, Cisjordania y Franja de Gaza, así como dentro de los territorios del 48, y en la diáspora y el destierro, no alcanzó aún a convertirse en una Intifada popular global, en la que toman parte todos los sectores y estratos sociales del pueblo palestino. En nuestro criterio, a la Intifada le falta aún el amparo político unificado palestino, que puede elevarla al nivel del acontecimiento y convertirla en una Intifada global popular, que mediante la acumulación de esfuerzos puede tornarse un movimiento nacional de insubordinación, en todos los territorios palestinos ocupados, que reformule la relación con la ocupación, para hacerla pasar a partir de la confrontación variada cotidiana, de una ocupación sin costo, a una ocupación muy costosa, en todos los planos: material, económico, humano y político.

Proporcionar la cobertura política nacional unificada para la Intifada podría evitar que se repitiera la misma experiencia de la Intifada de los jóvenes, de incesantes acciones heroicas pero individuales, donde la desunión palestina impidió que se convirtiera en una Intifada popular generalizada. Tenemos, por otra parte, la experiencia de la huelga de los prisioneros que duró 51 días, y terminó con no pocos considerables logros frente a la administración carcelaria, aun cuando algunas partes influyentes incumplieron y no brindaron el necesario apoyo político, material y moral a ese movimiento. Tenemos también la Intifada de Jerusalén y los portales de Al-Aqsa, que se adelantaron mucho a las posiciones de la Dirección Oficial Palestina, que parecía apresurarse tratando de ponerse al tanto de los acontecimientos con una semana de retraso y bajo un techo político de inmovilidad sin llegar a adoptar una posición práctica hacia la ocupación.

La Unidad Nacional Palestina es la única y viable cobertura política que podemos proporcionar a la acción popular, y a todo tipo de acción, dentro y fuera de los territorios ocupados. Nos referimos a la unidad del programa político combativo, en el terreno y en los foros políticos, lo cual implica ante todo desvincularse del Acuerdo de Oslo y de todos sus compromisos, entre ellos y en primer lugar, la cooperación en el campo de la seguridad y la aceptación de ser económicamente dependiente de Israel. Sin emprender estos dos pasos, queda el tema de la unidad nacional inconcluso y la respuesta a la decisión de Trump queda en letra muerta, en un discurso sin contenido.

Desvincularse del Acuerdo de Oslo y de sus obligaciones políticas, económicas y de seguridad no significa disolver la existente Autoridad Nacional Palestina (ANP). Es un planteamiento sin sentido político, un salto suicida al vacío, fuera de todo contexto o plataforma de lucha, ajeno a todas las coyunturas, pasos, objetivos y mecanismos de trabajo. Al mismo tiempo y a nuestro criterio, no significa, según ciertos planteamientos, ir a ¨un solo Estado¨, en medio de las actuales condiciones y correlación de fuerzas; porque significa el reconocimiento del Estado del apartheid, el Estado de la discriminación racial, la ocupación y la colonización, leyes sionistas; ya que todo esto le ofrecerá a Israel una cobertura política, para seguir adelante y sin titubeo, su archiconocida política.

Desprenderse del Acuerdo de Oslo y retornar juntos, en el marco de un programa combativo nacional, a ser un movimiento de liberación nacional bajo ocupación, es la única condición que puede hacer pasar a la ANP de una autoridad administrativa de población, sin la tierra, con el visto bueno de la ocupación, de la cual recibió las llaves, a una autoridad que forme la base política e institucional de un estado que lucha por imponer su soberanía y la soberanía de su pueblo sobre su suelo patrio, de tal modo que pueda hacer valer su derecho a la autodeterminación y a la liberación de la ocupación y de la colonización.

Nosotros, en principio y, ante todo, somos un movimiento nacional y nuestro camino hacia la salvación de la ocupación y la colonización es la resistencia en base a un programa nacional que combina la lucha en el terreno y en los foros internacionales, en particular la Organización de Naciones Unidas y la Corte Penal Internacional.

Estos dos pasos –la Unidad Nacional y la recuperación de nuestra posición como Movimiento de Liberación Nacional de un pueblo bajo ocupación— son los que devolverán a la Organización de Liberación de Palestina (OLP) su carácter representativo, pero sobre una base participativa y no en base a la subordinación, al amparo de políticas individualistas en la toma de decisiones de carácter político, administrativo, financiero e institucional, obviando las instituciones y la opinión pública, en favor de formaciones ilegales, inconstitucionales, que en lugar de la política institucionalizada, aplica la política de ¨cocinar las decisiones¨.

Para alcanzar esta unidad participativa, se requiere revitalizar el marco provisional de dirección en la OLP, como la antesala que permita reconstruir el programa nacional como preámbulo a la reconstrucción de la unidad nacional participativa. Este es el primer paso para poder lanzar una Intifada popular global de resistencia y firmeza, hacia la insubordinación nacional, hacia una guerra popular contra la ocupación y la colonización, contra el Acuerdo del Siglo. Esto es imprescindible para convertirse realmente en la punta de lanza de un movimiento popular árabe en ascenso a nivel de la región, que converja con una movilización regional, y converja en el afán de enfrentar a la política norteamericana y su influencia en la región, y dentro de todo esto los esfuerzos y la movilización política de la República Islámica de Irán.

En este contexto y a nivel palestino se han de eliminar los escollos que impiden la reconstrucción de la unidad nacional palestina, mediante el trabajo conjunto por “cumplimentar el programa de la Reconciliación tal como acordaron Al-Fatah y Hamas, y corroborado por los destacamentos palestinos en sus diálogos en El Cairo, el 22 de noviembre de 2017”.

La reconciliación significa posibilitar al gobierno de la ANP asumir sus responsabilidades administrativas y de servicios sin obstáculos, y al mismo tiempo levantar las medidas de castigo y de bloqueo impuestas sobre la Franja de Gaza, y facilitar planes de emergencia económica que den respuesta a las deterioradas condiciones de vida allí imperantes, como la reconstrucción de la pauperizada infraestructura, proporcionar energía eléctrica, agua potable, higiene, medio ambiente saludable y rehabilitar los hospitales y otros requisitos de una vida digna. Ha de reafirmar una vez más, y a diferencia de lo que plantean muchos por ahí, que no hay contradicción entre el fusil que resguarda el orden interior y el fusil de la resistencia. La seguridad interna contradice la dualidad del fusil. Por esto apoyamos la consigna ¨un solo fusil para la Autoridad Nacional Palestina¨ (ANP), haciendo la separación entre el papel del fusil de la resistencia, y el del orden interno, de modo que cada fusil tenga su función y su terreno de empleo.

 
Notas:Fahed Sulaiman es el vicesecretario general del Frente Democrático para la Liberación de Palestina
 

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