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En el Día de la Tierra palestina
Por: Juan Dufflar Amel
10 de abril del 2010
 

La Franja de Gaza, Cisjordania y la ciudad de Jerusalén continúan anegándose en la sangre generosa de los hijos de Palestina, vertida en su heroica gesta de liberación y defensa de sus derechos.

Cada año, desde 1976, el pueblo palestino conmemora el 30 de marzo el tradicional aniversario del levantamiento del Yaum al Ard -Día de la Tierra palestina- fecha en que tuvo lugar una huelga general contra la usurpación, confiscación y colonización de sus legítimos territorios, ocupados desde 1948 por el estado sionista de Israel.

Este marzo, al igual que en los 34 anteriores, las airadas manifestaciones populares fueron reprimidas brutalmente por el ejército israelí. Entre sus víctimas figura el adolescente palestino, Mohammed Zeid al Fermawi, abatido en la Franja de Gaza, mientras otros once civiles fueron heridos de bala, por preservar su identidad nacional y sentido de pertenencia a Palestina.

Las protestas antisionistas tuvieron también lugar en Israel, donde residen cerca de un millón 200 mil palestinos, descendientes de los 160 mil que quedaron dentro del país hebreo cuando, por la Resolución 181 de Naciones Unidas, que determinó la arbitraria partición de Palestina, se creó, en mayo de 1948, el estado de Israel.

Aún antes de ese año, y particularmente después de la llamada Guerra de los Seis Días en 1967, la sistemática política expansionista, de tierra arrasada y exterminio de la población civil árabe, se lleva a efecto con el desalojo y la destrucción de sus hogares, fuentes de suministro de agua, olivares y otras tierras de cultivo, o esgrimiendo arbitrarias medidas sionistas como las llamadas “ley del ausente” ó de “propiedad abandonada”.

El cerco a Palestina ha sido ampliado con la edificación del ignominioso muro del apartheid en Cisjordania, que divide a la población árabe en sus propio entorno, y posee una altura superior y una longitud dos veces mayor que la del derrumbado Muro de Berlín.

La constante ocupación de mayores extensiones y la anexión de los territorios árabes ocupados se exacerbo más aún con la llegada al poder en febrero de 2009 del ultraderechista gobierno de colación del primer ministro Benjamín Netanyahu.

El líder del reaccionario Partido Likud, cerrilmente se niega a poner fin a los asentamientos y a la construcción de miles de nuevas viviendas en Cisjordania y en Jerusalén oriental,, medida exigida por las autoridades palestinas como condición para el relanzamiento de las conversaciones de paz entre ambas partes.

En el caso de Jerusalén, Tel Aviv pretende su judaización y hace escarnio del status de la denominada Ciudad Santa, constituida por la Resolución 303 como “corpus separatun”, en un régimen internacional especial bajo la administración de Naciones Unidas,
y la proclama como “su capital única, histórica, e indivisible”, mientras los palestinos la reclaman como capital de su futuro estado independiente

La prepotencia de las actuales autoridades israelíes ha llegado hasta desafiar las pretensiones de su fiel aliado, el gobierno de Estados Unidos, que le solicita poner fin a los asentamientos de colonos judíos en las tierras árabes ocupadas para reiniciar las negociaciones israelo-palestinas.

Ni el reciente complicado encuentro en Washington entre Netanyahu y el presidente Barack Obama, ni las constantes recriminaciones de la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, han podido quebrar la tozudez del premier sionista para solucionar las aparentes discrepancias sobre el tema de los asentamientos judíos.

A la vez y ante la pasividad de la comunidad internacional prosiguen el bloqueo y las incursiones militares israelíes en la Franja de Gaza, en Cisjordania y Jerusalén oriental, con un alto número de víctimas mortales, de heridos, detenidos y una desoladora destrucción material, sin que pueda vislumbrarse en el futuro cercano la solución de uno de los más cruentos conflictos del Oriente Medio. Cada vez más distante por la falta de voluntad política y criminal represión de Israel, la complicidad de Estados Unidos y la división interna palestina.

 
 
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