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¿La cantonización de Palestina podría traer la paz?
Por: Salman Abu Sitta
12 de febrero 2015
 

Hace unos meses [el periódico israelí] Haaretz publicó un interesante plan para dividir Israel en provincias. Sugiriendo un remedio para la fragmentación de la sociedad israelí y su incapacidad para crear un crisol de judíos emigrados a Palestina.

Entrego en este artículo una crítica de los pros y los contras de este plan y ofrezco una alternativa. El plan, presentado por Carlo Strenger y Judd Yadid en un artículo del 7 de octubre de 2014 titulado “De cómo la cantonización puede salvar a Israel”, admite que la dirigencia de Israel fracasó en “imponer una ideología monolítica y una hegemonía cultural en la población del país”. Los judíos ultraortodoxos, por ejemplo, no fueron “convertidos en sionistas con credenciales”. Los residentes de Tel Aviv no “soportarán las leyes de matrimonio” de naturaleza extraña e invasiva.

Strenger y Yadid encuentran que la respuesta a “las miles de identidades del país” es poner en cuarentena a “los pueblos enemistados de Israel” en varias provincias diferentes con diferentes poderes regionales con lo cual podrían llevar la vida a la que están habituados, según sus valores culturales y religiosos. O tal vez, más concretamente, podrían continuar viviendo como lo hacían en sus países de origen, antes de emigrar a Palestina, [países] que van desde los guetos de Europa del Este hasta los barrios ricos de Londres.

Si esto parece una clara admisión del fracaso de la "reunión de los exiliados", el presidente de Israel Reuven Rivlin no se ahorró palabras cuando declaró, el pasado octubre en una conferencia sobre el racismo y el odio en Jerusalén, que "Israel es una sociedad enferma de un mal que requiere tratamiento".

La falta de homogeneidad en Israel no es de extrañar; los inmigrantes judíos llegaron a Palestina desde 110 países, hablando más de ochenta idiomas y dialectos. Muchos de ellos continuaron con sus costumbres tradicionales, a pesar de que aprendieron el hebreo moderno y sus jóvenes se incorporaron al ejército. Se suponía que el ejército sería el perfecto crisol donde forjar la unidad de los inmigrantes contra el enemigo común, los árabes, entre los cuales se encontraron cuando se instalaron en Palestina. Los conflictivos antecedentes y los variados orígenes de los israelíes han sido objeto de muchos estudios. Hay montones de libros, casi todos de autores judíos, sobre la fragmentación de la sociedad israelí, el fracaso del crisol de culturas, la bancarrota ideológica y económica de los kibutz, las crisis de la identidad “israelí”, los mitos fundacionales de Israel, la invención del pueblo judío y la “tierra de Israel”, el significado del “post-sionismo”, el carácter militar de Israel, la explotación del holocausto y la mítica narrativa del nacimiento de Israel y la negación de la Nakba –la limpieza étnica de los palestinos en 1948. [1]

Dividir para salvar a Israel

Este plan de cantonización es probablemente la primera propuesta sionista hecha para separar los diversos grupos geográfica y jurídicamente a nivel “provincial”. Probablemente aspira a parecerse al sistema provincial canadiense con la evidente diferencia de que las provincias israelíes propuestas son diminutas astillas de tierra, más parecidas a un municipio británico que a las vastas regiones de Canadá. Aun así, el plan representa el optimismo de que el actual Israel –excluyendo Cisjordania y Gaza pero incluyendo Jerusalén Este ocupada y los Altos del Golán de Siria- puede ser dividido en doce provincias (Ver Mapa 1, abajo).

Habría, por ejemplo, una “provincia religiosa ortodoxa” de “Yehuda” extendiéndose al norte de Jerusalén para “incorporar a la mayoría de los judíos religiosos del país” incluyendo a más de 1,6 millones de personas en alrededor de 1.060 km2 de territorio. Y habría una provincia llamada “Aviv” cubriendo 220 Km2 e incluyendo a 1,2 millones de personas. Incluiría Tel Aviv y así "habilitaría al corazón del secular ‘Reino de Israel’ para cimentar su conjunto de valores distintivos, dando al liberal Israel -nacional e internacionalmente- una voz mucho más alta y una marca más fuerte que la de una ciudad de sólo 400.000 personas".

Sólo dos de las provincias, “Jalila” en el norte y “Badiya” en el sur, tendrían habitantes predominante o exclusivamente árabes. Pero dada la diversidad en Israel, serían necesarias mucho más de doce provincias para que prevalezca la completa homogeneidad en cada una de ellas. Sin embargo, el plan provincial, diseñado para promover objetivos sionistas, es interesante ya que propone una nueva solución práctica digna de un estudio detallado, sobre todo porque proviene de una publicación “liberal” líder en Israel.

Examinaré el plan propuesto y se verá que su objetivo es promover políticas sionistas de racismo y apartheid. De hecho, no produciría homogeneidad entre los judíos y, más aún, estará lejos de proveer una solución pacífica o permanente en la Palestina histórica. También propondré una enmienda a este plan provincial que podría hacerlo más viable.

La población judía está altamente concentrada

A los efectos de esta crítica, consideraremos la superficie de Israel según sus 46 regiones naturales (hay 50 “regiones naturales” en el esquema administrativo de Israel, yo he omitido los Altos del Golán sirio ocupados -incluidos en el plan de Strenger-Yadid- y Cisjordania y Gaza ocupadas).

Las cifras de la población en el plan de cantonización están tomadas de la Oficina Central de Estadísticas de Israel, publicadas en 2012 y pertenecientes a 2011. Para estandarizar las cifras en el plan y en mi crítica he usado cifras de población de mediados de 2008. Debido a los diferentes años de referencia y a pequeños errores de digitalización en el tosco mapa de Haaretz delineando las doce provincias propuestas, mi aproximación tiene algunas pequeñas diferencias pero no cambian el carácter de la crítica ni sus conclusiones. Como se ha señalado, el plan propone la provincia de "Yehuda" en Jerusalén y las zonas del noroeste para conformar la provincia ortodoxa o condado de las sinagogas. La provincia de Tel Aviv ("Aviv") es la provincia liberal o condado de las discotecas.

En estas dos aspirantes a provincias viven alrededor de 2.465.00 judíos y 277.000 palestinos. Las cifras son engañosas, por dos razones.

La primera: la población palestina indicada está principalmente en Jerusalén Este que fue ocupada en 1967. Casi no hay otros palestinos allí porque 127 aldeas palestinas en esta zona sufrieron la limpieza étnica en 1948.

La segunda: los judíos serían mucho más numerosos que lo indicado en la provincia de Aviv si esta provincia se extendiera al este hasta el pueblo ultraortodoxo de Bet Shemesh y hacia el sur hasta el puerto de Isdud (Ashdod), reduciendo así tanto la provincia de Yehuda como la de Nitzan. En la provincia extendida de Aviv, habría 3,5 millones de judíos, o el 65% de todos los judíos, una ubicación ideal para un cantón judío.

Esta redistribución tiene sentido. La provincia extendida de Aviv corresponderá entonces a la zona de los asentamientos judíos en la época del Mandato británico en Palestina, a saber, la parte oeste y norte del distrito de Jaffa.

Metiendo a los palestinos en un gueto

Es en Galilea donde el plan de la cantonización sionista revela su verdadera intención. Casi un tercio de millón de palestinos serán confinados en un gueto llamado provincia de Jalila, una superficie de 400 km2 con una densidad de 825 personas por km2.

En la provincia de Jezreel, a 200.000 judíos se les adjudicó una superficie de 1.110 km2 (una densidad de 180 personas por km2) mientras que los palestinos en esa provincia (80.000) permanecerían marginados como ciudadanos de segunda categoría.

De la misma forma, en la provincia de Naftali (una superficie de 1.413 km2), también considerada judía, los palestinos de hecho casi igualan en número a los judíos (220.000 y 260.000 respectivamente). En estas cuatro provincias de Galilea, una superficie total de 3.300 km2 dentro de Israel, los palestinos son 640.000 y los judíos son menos de la mitad de un total de 540.000. (Si se resta la provincia de Tiberíades o Kinneret, se llega a la misma conclusión). Pero el plan ofrece el 12% de la superficie, un gueto de 400 km2, para 450.000 palestinos con una densidad de 1.125 personas por km2. Esto es seis veces la densidad de la población judía.

La zona restante de las cuatro provincias de Galilea (2.900 km2) está asignada para 540.000 judíos con una densidad de 186 personas por km2. Los palestinos fuera de Jalila, alrededor de la mitad de la población total en las cuatro provincias, vivirían en provincias asignadas a judíos y serían tratados como una minoría sin voz en los asuntos de su región. Los dueños de la tierra se convierten en habitantes de guetos y los colonos se convierten en dueños de la tierra.

En resumen, este plan persigue los invariables objetivos sionistas de obtener la máxima cantidad de territorio con el mínimo número de palestinos, disfrazándolo como un ejercicio para desencadenar la diversidad y el pluralismo.

“El planificador de limpieza étnica”

El Mapa 1 muestra las provincias propuestas con la población total en miles, según mis cálculos, señalada en un gráfico circular donde el azul indica la población judía y el rosa la población palestina. Mientras que la pequeña zona de la provincia de Jalila es totalmente palestina, incorporando 28 aldeas, el plan ignora 160 aldeas palestinas que se extienden a lo largo y ancho más allá de Jalila, mostradas aquí en puntos negros.

Mapa 1: División propuesta del actual Israel en diez provincias judías y dos árabes, mostrando el total de los habitantes judíos y árabes. (Salman Abu Sitta)

Este es un intento de revivir el infame Plan Koenig de abril de 1976, escrito por el alto funcionario del ministerio israelí del interior Yisrael Koenig. Su objetivo era reducir el número, la presencia y la influencia de los palestinos en Galilea. La amenaza del Plan Koenig llevó a los palestinos a oponerse a la acción; inauguraron el Día de la Tierra, que se conmemora cada 30 de marzo poniendo de relieve el arraigo en su tierra. Este movimiento es ahora mucho más fuerte y no aceptará fácilmente la marginación que pretende el régimen colonial israelí.

La provincia de Carmel sobre la llanura costera, que puede verse en el mismo mapa, está diseñada para ahogar la gran presencia palestina en el pequeño triángulo con una población de 350.000 personas en 55 aldeas entre un millón de judíos. [2]

Esta es la población que el ministro israelí de exteriores -el racista Avigdor Lieberman, inmigrante de Moldavia y líder del partido derechista Yisrael Beiteinu- quiere expulsar de su patria bajo el disfraz de un intercambio de tierras. Gideon Biger –ruso, geógrafo político en la universidad de Tel Aviv- es su planificador de limpieza étnica. El principiante autor del plan, Judd Yadid –nacido en Sudáfrica y criado en Australia- trabaja en la universidad de Tel Aviv, donde escribió su tesis de maestría bajo supervisión de Biger.

Los palestinos en esta provincia, dado su compromiso con la defensa de los lugares santos en Jerusalén bajo el liderazgo del sheikh Raed Salah, dirigente de la rama norte del Movimiento Islámico, están especialmente preocupados por los israelíes.

De ahí el intento de gente como Lieberman que quiere eliminarlos usando un ardid -anexar su pequeño territorio a Cisjordania a cambio de anexar a Israel los más grandes bloques de asentamientos coloniales en Cisjordania. Ambos territorios a ambos lados de la Línea de Armisticio de 1949 -el límite entre Israel y Cisjordania- no son legalmente propiedad de Israel e Israel no tiene autoridad para intercambiarlas.

Beduinos en la mira

El Distrito Sur del actual Israel está dividido en once regiones naturales con una superficie total de 14.231 km2, el 70% de la superficie de Israel. En este distrito, viven cerca de 900.000 judíos, pero el 83% de esos judíos viven en cuatro pueblos originalmente palestinos cada uno con más de 100.000 residentes –Isdud (Ashdod), Al-Majdal (Ashkelon), Bir Al-Sabe (Beer Sheba) e Iraq Manshiya (Qiryat Gat)- y siete pequeñas y pobres “ciudades de desarrollo”. Los judíos que viven en esas ciudades son judíos mizrahis –de origen predominantemente árabe- con una salpicadura de inmigrantes rusos, especialmente en Bir Al-Sabe. El resto de los judíos, el 17%, se encuentran dispersos en 212 “kibutz” y “moshav”, asentamientos agrícolas con una población promedio de 700 personas cada uno y con una densidad de sólo 10 personas por km2. Los judíos que viven allí son predominantemente ashkenazis –judíos europeos- gobernantes y vieja elite del país, que conquistaron el sur en 1948 a fuerza de la limpieza étnica de su población. El proyecto de cantonización reparte el distrito sur entre varias provincias: Shimon, Badiya, Halutza (Khalasah), Arava (Wadi Araba) y tres cuartos de la provincia de Nitzan (1.051 de 1.430 km2).

Junto a los 900.000 judíos que viven en el distrito sur, viven allí más de 200.000 palestinos en 55 aldeas, la mitad de ellas no reconocidas por Israel negándoles todos los servicios. El proyecto de cantonización destina 600 km2 para ellos en la provincia de Badiya con una densidad de 380 personas por km2, es decir casi cuarenta veces la densidad de los colonos en la región. Esto es peor que la segunda limpieza étnica que tuvo lugar después de la Nakba de 1948, cuando en 1950 los palestinos que permanecieron en la zona fueron empujados a una reserva racista llamada la siyag (valla) con una superficie de unos 1.100 km2, o sea el 9% del distrito de Beer Sheba (Bir Al-Sabe) de la Palestina del Mandato en la que vivían desde antes de 1948.

El proyecto permite sólo 30 aldeas del total de 55 para ser incluidas en la provincia de Badiya. Como muestra el mapa, 25 aldeas palestinas están situadas fuera de la provincia de Badiya y su población sería víctima de la limpieza étnica por tercera vez y reubicada en una nueva y reducida ‘siyag’. La apropiación y confiscación de tierras en Beer Sheba continúa ocurriendo desde la limpieza étnica de 1948. El caso actual de la aldea de Al-Araqib es muy conocido. Ha estado luchando por su supervivencia habiendo sido demolida y reconstruida más de cincuenta veces y la cuenta sigue.

Los dueños de la tierra presentaron ante tribunales israelíes documentación que demuestra su titularidad y que han cultivado esas tierras durante el Mandato británico de Palestina y durante cuatro siglos de gobierno otomano. Los tribunales fallaron en su contra. Su veredicto derivó de un testimonio de su “experta”, la profesora Ruth Kark de la universidad Hebrea, que declaró –según me informó otro testigo experto, el profesor Oren Yiftachel- que “No hay palestinos allí. Sólo pastores que vinieron de Arabia Saudí con su rebaño a pastorear y luego se fueron”. Nuevamente, el proyecto es una resurrección del racista Plan Prawer para eliminar de sus tierras a decenas de miles de beduinos palestinos de la zona, plan que fue temporalmente derrotado en enero de 2014 debido a las protestas a nivel local e internacional, pero que muy probablemente sea reenvasado y reintroducido con un nuevo ropaje.

Manteniendo el racismo y el apartheid

En resumen, el proyecto sionista de cantonización, si se aplicara, permitiría al 99% de los judíos vivir en diez provincias judías que representan el 95% de la superficie total de Israel, donde podrían promulgar sus propias leyes regionales sobre educación, salud, religión, cultura, idioma y temas similares. Con ellos vivirían el 58% (835.000) de los palestinos ciudadanos de Israel bajo leyes puramente judías sin ninguna influencia en sus propios asuntos.

Sólo el 42% de los palestinos (600.000) viviría en zonas palestinas (el 5% de la superficie de Israel), donde podrían administrar sus propios asuntos locales, con menos del 1% de judíos.

En otras palabras, la mayoría de los palestinos actualmente en Israel quedarían ensombrecidos bajo el gobierno judío incluso en cuanto a sus derechos civiles básicos. Los palestinos, que son el 20% de la ciudadanía en Israel, serán encarcelados en el 2% de Israel en Galilea y el 3% en el sur.

El proyecto de cantonización no logra alcanzar su objetivo declarado: suavizar la hostilidad entre los varios componentes de la sociedad judía en Israel provenientes de un centenar de diferentes orígenes. Y es más, marginará aún más a los ciudadanos palestinos y fortalecerá las políticas israelíes de racismo y apartheid. Detendrá su desarrollo y los confinará en guetos. Privados de sus tierras agrícolas, de apoyo financiero y de leyes democráticas, quedarán reducidos a mano de obra barata en las fábricas israelíes.

El plan es otro intento, entre muchos, de partición de Palestina. Tales proyectos tragaron progresivamente territorio palestino a favor de los inmigrantes judíos, empezando por la Real Comisión de 1937 hasta el plan de partición de 1947 aprobado por la ONU en el cual la legitimidad de Israel pende de un hilo.

Cabe señalar que Galilea, la mayor parte del Distrito Sur y toda la región oeste de Jerusalén (“provincia de Yehuda”) son parte de la zona asignada al estado árabe en el plan de partición de la ONU. En este contexto, los acuerdos de Oslo de 1993 son el último intento formal de convertir al ocupante en propietario de la tierra.

En una época en la que Cisjordania ocupada ha sido convertida efectivamente en varios cientos de cantones donde los palestinos son confinados entre puestos militares y muros, mientras que 650.000 colonos israelíes, muchos de ellos armados, controlan dos tercios de ella, queda claro que el plan de cantonización sería el último paso en la destrucción completa de Palestina.

El resultado inevitable sería intensificar la lucha palestina por la libertad y contra las políticas israelíes de racismo y apartheid.

La propiedad palestina tratada como “botín”

El plan es por supuesto un proyecto sionista. Viola el derecho internacional, no sólo reduciendo a los palestinos que permanecieron en su patria a vivir en guetos sino también abarcando territorio palestino que Israel anexó ilegalmente y ocupó más allá de la Línea de Armisticio de 1949. También incorpora los Altos del Golán de Siria, que Israel ocupó en 1967 y anexó ilegalmente en 1981, así como áreas de Palestina adquiridas y/u ocupadas en violación a las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y los acuerdos de armisticio de 1949. [3]

El reconocimiento de Israel por parte de algunos países, en su mayoría occidentales, es principalmente un reconocimiento de facto. Dentro de la Palestina histórica, la superficie de Israel está delimitada por la línea de armisticio de 1949. El Artículo II del acuerdo de armisticio claramente establece que la línea de armisticio no tiene valor jurídico; no otorga ni niega ningún derecho o reclamo de cualquiera de las partes a ambos lados de la línea. Este principio es válido aún hoy. Israel por lo tanto no tiene fronteras reconocidas.

Además, asumiendo que la soberanía de Israel es reconocida por algunos países, esto no significa que la tierra o la propiedad bajo su control sean legalmente propiedad de Israel. La propiedad privada tiene una santidad que no es disminuida por la ocupación o el paso del tiempo. Esto es particularmente aplicable a la tierra y las propiedades de los refugiados palestinos que fueron víctimas de la limpieza étnica por parte de Israel.

La propiedad judía de la tierra en Palestina bajo el mandato británico era de 1.429 km2, que es el 5% de la Palestina histórica o el 7% del actual Israel. [4] El resto, es propiedad palestina. El plan de cantonización trata la propiedad palestina confiscada (el 93% de Israel) como si fuera propiedad judía. Esta violación al derecho internacional es ignorada por el plan de cantonización. Trata la tierra como si fuera un despojo o botín de guerra a ser repartido entre los inmigrantes judíos a Palestina.

¿La cantonización podría funcionar?

No puede haber paz sin la restitución de la propiedad a sus legítimos dueños. El derecho al retorno debe ser implementado. Los refugiados palestinos que viven sin hogar son hoy más de 6,5 millones [5]

Provincia
Propuesta
Población
Mediados–2008
Judíos Palestinos
en Israel
Refugiados
Palestinos
Sup. Neta
en km2
Naftali
402.400 261.300 221.000 672.000 1.413
Kinneret 83.600 63.600 6.000 182.000 351
Jezreel 226.700 208.000 81.000 325.000 1.101
Jalila 448.500 9.000 332.000 87.000 401
Carmel 1.337.200 1.025.000 348.000 1.077.000 1.368
Aviv 1.159.500 1.320.000 12.000 933.000 220
Yehuda 1.568.00 1.144.000 265.000 1.164.000 1.059
Nitzan 1.093.000 1.016.000 30.000 1.300.000 1.314
Shimon 340.000 356.000 65.000 642.000 2.614
Halutza 43.300 51.000 4.000 142.000 4.716
Arava 52.700 57.000 --- 27.000 5.258
Badiya 228.000 --- 110.000 35.000 658
Total 6.983.800 5.510.900 1.474.000 6.586.000 20.473

Notas:

1- La población de mediados de 2008 se calculó en base a las cifras del plan en Haaretz.
2- La población de judíos y palestinos en Israel son cálculos míos basados en los valores de cada ciudad.
3- La suma de ambos no coincide con las cifras del artículo de Haaretz para cada provincia, pero el total es el mismo.
4- Todas las cifras son aproximadas a la centena más cercana.

La Tabla 1 muestra las cifras de población para las supuestas provincias reducidas a los valores de mediados de 2008 en las siguientes cuatro columnas: población total, judíos, palestinos en Israel y refugiados palestinos -registrados por la UNRWA y los no registrados- [6]

También muestra la superficie neta de las provincias dentro de los límites de la Palestina histórica (excluyendo los Altos del Golán) e incluyendo, a los fines de esta crítica, las transgresiones de Israel sobre la línea de armisticio desde 1949, a fin de corresponder a las regiones naturales de Israel.

Mapa 2: Aldeas despobladas (se muestran con puntos rojos) en relación a la división propuesta del actual Israel en diez provincias judías y dos provincias árabes. (Salman Abu Sitta)

Con sólo mirar el Mapa 2, que muestra las 560 aldeas palestinas despobladas (puntos rojos) repartidas por todo el país, la división sionista del proyecto de doce provincias (sólo dos de ellas palestinas) se convierte en un ejercicio del absurdo.

En realidad, los refugiados palestinos pueden retornar a sus hogares sin perturbar mucho a las poblaciones judías existentes. Se han realizado extensos estudios que demuestran que esto es factible. [7] Contrariamente a las afirmaciones israelíes, un estudio reciente muestra que en las tierras de 249 aldeas palestinas no vive al día de hoy ningún judío y que en las tierras de otras 272 aldeas palestinas viven muy pocos judíos (en su mayoría en kibutz). Así que hay sólo tres zonas de concentración judía que pueden ser clasificadas como “cantones” con poderes regionales judíos: la metrópolis de Tel Aviv, la Gran Haifa y Jerusalén Oeste. A Jerusalén se le debe dar un tratamiento especial para afirmar el statu quo de los sitios religiosos y la santidad de la propiedad privada según las resoluciones de la ONU ahora violadas.

Los bloques de kibutz en la llanura costera entre Jaffa y Haifa y a lo largo de Marj Ibn Amer (el valle de Esdraleon) pueden formar una continuidad permeable con apropiados poderes regionales. Está en preparación un proyecto detallado.

En los últimos años ha habido un renacimiento del interés en una solución de un único estado en toda la Palestina histórica como la única forma práctica y legal de absorber inmigrantes judíos entre los habitantes nativos del país.

Cualquiera sea la solución definitiva, el hecho es que toda persona debe tener la libertad de elegir retornar a su casa o su tierra y vivir en libertad bajo el imperio de la ley. El colonialismo, el racismo y el apartheid no tienen cabida en el mundo de hoy y deben ser irrevocablemente abolidos. La población palestina se compone ahora de doce millones de personas, dos tercios de las cuales son refugiados y sus descendientes directos, expulsados de sus casas en lo que ahora es Israel. La mitad de los palestinos aún viven sobre el suelo de Palestina. El resto está en un anillo alrededor de ella, con la excepción de cerca de un millón que viven más lejos. Si hay una lección que aprender de estas últimas siete décadas, es que no hay paz que pueda jamás prevalecer en la región sin el retorno de los refugiados a sus hogares.

Eso, y sólo eso, debe ser objeto de preocupación, estudio e implementación.

 
Notas: Salman Abu Sitta es fundador y presidente de la Sociedad de la Tierra de Palestina (plands.org).

Notas del autor:

1- Los ejemplos incluyen: The Invention of the Jewish People [La invención del pueblo judío] (Verso, 2009), The Invention of the Land of Israel [La invención de la tierra de Israel] (Verso, 2012) y otros libros del mismo autor, Shlomo Sand; Myths in Israeli Culture [Mitos en la cultura israelí], de Nurith Gertz (Vallentine Mitchell, 2000); Israel’s Changing Society [La cambiante sociedad de Israel], de Calvin Goldscheider (Westview, 2001); Being Israeli [Ser israelí], de Gershon Shafir y Yoav Peled (Cambridge University Press, 2002); Jewish State or Israeli Nation? [¿Estado judío o nación israelí?], de Boas Evron (Indiana University Press, 1995); y The Invention and Decline of Israeliness [La invención y decadencia de la israelidad], de Baruch Kimmerling (University of California Press, 2001).

2- El Pequeño Triángulo es la zona anexada por Israel en la primavera de 1949 mediante un ultimatum de ataque inminente para tomar el control de Cisjordania. El rey Abdallah I de Jordania se rindió y cedió el triángulo. En octubre de 1956 Israel cometió una masacre en la aldea de Kufr Qasem en un intento de forzar a la población a huir.

3- Estos incluyen: el enclave de Latrun en la "tierra de nadie", que tiene 48,8 km2 y forma parte de Cisjordania; la zona desecada del Mar Muerto (208,26 km2); 200 km2 arrancados a Gaza; y Jerusalén Este y sus aldeas (la superficie anexada por Israel e incorporada a la municipalidad de Jerusalén después de 1967 es de unos 70 km2. La superficie de la parte de la municipalidad de Jerusalén controlada por Jordania antes de 1967 es de 6,4 km2). Por lo tanto la superficie incluida en el proyecto de cantonización (21,440 km2) excede la superficie de tierra ocupada por Israel según los acuerdos de armisticio de 1949.
* Ver el Mapa 3.9 (pág. 98) y la Tabla 4.10 (pág. 136) en Salman Abu Sitta, Atlas of Palestine 1917-1966 (Palestine Land Society, 2010) [http://www.plands.org/Graphics/English%20Palestine%20Atlas%20Part-I/Index.html]

4- La ONU confirma la validez de la propiedad de los refugiados y exige a Israel registrar y pagar las rentas devengadas por su utilización hasta que ellos retornen. Ver por ejemplo la resolución de la ONU 68/79 (A/C.4/68/L.15) del 8 de noviembre de 2013 [http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=%20A/C.4/68/L.15]

5- Ver: Village Statistics [Estadísticas de Aldeas] (Jerusalem, Government Printer, 1945); and Sami Hadawi, Village Statistics 1945, A Classification of Land and Area Ownership in Palestine, With Explanatory Notes, Facts and Figures No.34 [Estadísticas de Aldeas de 1945, Una clasificación de la tierra y la propiedad privada en Palestina, con notas explicativas, datos y cifras N°34] (Beirut, PLO Research Center, September 1970)

6- Las cifras de mediados de 2008 son: Los refugiados registrados en la agencia de la ONU para los refugiados palestinos [UNRWA] son 4.400.000 y los no registrados son 2.150.000. Ver: Salman Abu Sitta, Atlas of Palestine 1917–1966, (Palestine Land Society, 2010).

7- Salman Abu-Sitta, “The Feasibility of the Right of Return in The Palestinian Exodus” in The Palestinian Exodus 1948–1998 [La viabilidad del Derecho al Retorno en el Éxodo Palestino" en: El Éxodo Palestino 1948-1998] editado por Ghada Karmi y Eugene Cotran (Ithaca Press, 1999); From Refugees to Citizens at Home: The End of the Palestinian-Israeli Conflict [De Refugiados a Ciudadanos en Casa: El Fin del Conflicto Palestino-Israelí](Palestine Land Society y The Palestinian Return Centre, London ,2001); “The Geographic and Demographic Imperatives of the Palestinian Refugees’ Return,” in The Failure of the Two State Solution [Los Imperativos Demográficos y Geográficos del Retorno de los Refugiados Palestinos, en: El Fracaso de la Solución de Dos Estados], editado por Hani Faris (IB Tauris, 2013).

 
Fuente: La Estrella Palestina/ laestrellapalestina.info
Originalmente publicado en: The Electronic Intifada
 

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