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EDITORIALES

 

De Oslo a La Haya: Lecciones y moralejas
 

Cuando la cuestión del Muro de separación racial, es decir la anexión territorial, fue elevada a consideración de la Corte de La Haya, los palestinos sabían de antemano que ganarían la causa, ya que la Asamblea General de la ONU tomó, a finales del año pasado, una posición valiente venciendo las presiones de Estados Unidos. La mayoría de los países representados en la Asamblea votaron en contra de la construcción del Muro, al considerarlo violatorio de las leyes internacionales y de los derechos palestinos y una amenaza al futuro de los palestinos a vivir en un estado perdurable.

La victoria palestina quedó corroborada en La Haya cuando Israel y Estados Unidos declararon un boicot a las labores del Tribunal, a pesar a que la parte israelí hizo todo lo posible por justificar sus crímenes, ya sea a través de la organización de manifestaciones en las calles colindantes a la sede del tribunal o buscando el respaldo de renombrados juristas y legisladores en aras de esgrimir todo tipo de pretexto legal posible.

No es esta la primera ocasión en que Tel Aviv y Washington eluden enfrentar a la opinión pública mundial en relación con la causa palestina. Esa actitud sentó precedente en la conferencia de Durban donde enfrentaron la denuncia y el rechazo de las Organizaciones No Gubernamentales por las prácticas terroristas de Israel contra el pueblo palestino y de Estados Unidos contra todos los pueblos del planeta.

Así pues, La Haya, y antes Durban, pusieron las cosas en su lugar redefiniendo el terrorismo e identificando al verdadero terrorista. La Corte definió nuevamente los crímenes de guerra y los de lesa humanidad al afirmar que la ocupación en sí es una forma cruenta de terrorismo y que el Muro de separación racial y anexión territorial constituye uno de los crímenes que comete la ocupación contra los palestinos.

Igualmente rechazó la maniobra de calificar como terrorista a la lucha del pueblo palestino, reiterando la legitimidad de todas las formas de lucha contra la ocupación, en virtud de los principios de la Ley Internacional y de las Resoluciones de la Legalidad Internacional.

Podemos afirmar que los palestinos ganaron y con mucha fuerza la batalla legal y política en relación con el Muro de segregación racial aún antes de que el Tribunal cierre sus puertas y tome el tiempo suficiente para anunciar sus informes y recomendaciones. Pero... ¿bastará esta victoria para derribar el Muro? ¿Bastará esta victoria para deshacerse de la ocupación?.

Estas interrogantes no menoscaban la importancia de la victoria política tanto en La Haya como en cualquier otra parte de este mundo. Es más, a cambio hay que librar todas las formas de lucha política y diplomática contra el enemigo israelí y contra todas las políticas parcializadas de Washington, para envolverlas, aislarlas y lograr concentrar el mayor apoyo internacional en torno de la causa palestina.

No exageramos si ambicionamos expulsar al enemigo israelí de todos los foros internacionales, tal como se hizo con el sistema racista de Sudáfrica, hasta que se sometió a la voluntad del pueblo sudafricano y de la comunidad internacional.

Por otra parte, esas interrogantes se plantean con fuerza considerando la insuficiencia de lo logrado en La Haya y la necesidad de seguir adelante hacia otros logros. Eso, por tanto, requiere, en primer lugar de la parte palestina, sacar las lecciones necesarias de La Haya.

La comunidad internacional, tanto en la Asamblea General de la ONU como en La Haya, a través de los alegatos e intervenciones de los representantes de estados o de organizaciones regionales e internacionales, redefinió como ocupación la presencia israelí en los territorios palestinos, en sus aspectos militar y colonial, y que por tanto, representa una violación de la Ley Internacional. Acaso sería correcto entonces aferrarse a los Acuerdos de Oslo donde Israel figura como coparticipe en el proceso de paz y no como ocupante.

Por otra parte: ¿los territorios palestinos ocupados fueron considerados como “territorios en disputa” y no como ocupados? O sea que la parte israelí puede alegar al igual que la parte palestina el derecho sobre los mismos.

No es extraño que las cosas estén viradas al revés y que el ocupante israelí se presentara como la única parte que vela por la paz y que no encuentra un coparticipe palestino para seguir adelante en el proceso negociador. No es extraño que la parte palestina cayera en las redes de la maniobra israelí y sienta complejo de culpa y se vuelva una preocupación cotidiana demostrar su inocencia de la acusación de Terrorismo. No es más extraño que la parte palestina se dedique a probar que es “coparticipe” en el proceso negociador aunque para ello hiciera concesiones graves como ocurrió efectivamente en las negociaciones “no oficiales” del Mar Muerto–Ginebra.

La Comunidad Internacional consideró el Muro como un crimen de guerra, porque significa la mutilación y la anexión de territorios palestinos ocupados. ¿Podemos aceptar pues en negociaciones “oficiales y no oficiales” lo que Israel llama “canje de territorios”? ¿No supone ello reconocer y aceptar el concepto israelí de fronteras seguras y por tanto resignarse a su voluntad de confiscar lo que se le antoje de los territorios palestinos y árabes, alegando razones de seguridad por estar bajo constante amenaza árabe y palestina? ¿Será posible todo eso cuando la comunidad internacional considera la presencia israelí como ocupación y sus prácticas contra la población como crímenes de guerra?

Se retractará la parte palestina del pecado cometido de aceptar el principio de canje de territorios, cuando esa idea se quedó arraigada en la mente sionista y se convirtió en el pretexto de lograr la más horrenda transferencia que puede afectar el destino de unos 150 mil palestinos, mediante el proyecto de pasar Umm Al-Fahm y los alrededores del estado de Israel a la “soberanía” de la Autonomía Nacional Palestina (ANP) y a cambio anexionar las colonias israelíes en Cisjordania al estado de Israel, junto a Jerusalén y sus alrededores, al ser considerada como la capital unificada y eterna del Estado de Israel.

La comunidad internacional consideró como legales todas las formas de lucha nacional palestina, y las consideró además como legítimas prácticas de autodefensa, acciones de liberación del suelo patrio y resistencia a la ocupación.

En cambio, tildó las prácticas ocupacionistas de crímenes de guerra y de lesa humanidad. Cuándo entonces dejarán las autoridades palestinas de la ANP de acusar de terroristas a los que llevan a cabo las acciones de resistencia? ¿Cuándo la ANP dejará de denunciar tales acciones y se convencerá de la necesidad de librar la lucha armada por un lado y emprender la batalla política y diplomática, e incluso la negociadora, por la otra?.

Las coincidencias de La Haya, y con anterioridad las de la ONU, reafirman el hecho de que la legalidad internacional proporciona a los palestinos la fuerza para enfrentar las políticas de Israel y de Estados Unidos. En este contexto, vale señalar que es la Legalidad Internacional la única capacitada de proporcionar el respaldo internacional, oficial y popular, a la causa palestina y replantearla como la primerísima causa en la Agenda Internacional. Esa causa debe hallar el camino a una solución basada en la justicia, y la justicia aquí no es relativa, ni admite interpretaciones.

La ONU interpretó sus soluciones, a través de todas sus comisiones jurídicas competentes, demostrando así que todos favorecen los intereses del pueblo palestino y coinciden con las decisiones de sus órganos oficiales y con sus aspiraciones a la independencia y soberanía y al retorno. ¿Reconsiderará la dirección oficial de la ANP y de la OLP los compromisos contraído, entre otros, en los Acuerdos de Oslo a favor de adherirse nuevamente a las resoluciones internacionales?.

A fin de cuentas, la Unidad Nacional Palestina cobró nuevos bríos. El Muro constituye una amenaza para todos y enfrentar su construcción es un interés nacional primordial y se hace bajo la bandera de la Legalidad Internacional y de preservar cada palmo de la ocupada tierra palestina y de hacerle frente a la ocupación y recuperar los terrenos saqueados.

Las puertas están abiertas totalmente a la unidad nacional si se acuerda pasar por alto la anterior etapa negociadora, a favor de una nueva etapa donde las resoluciones internacionales constituyen la base sólida para ello y donde los promotores serían los denominadores comunes acordados unánimemente en el seno de los órganos oficiales palestinos.

Las recomendaciones de La Haya en sí no echarán abajo el Muro. Sin embargo, si se convierten en acicate para seguir adelante y sacar provecho de sus lecciones a favor de políticas nacionales mancomunadas basadas en la Legalidad Internacional, esas recomendaciones serán inevitablemente la primera herramienta para socavar las bases del Muro y de la Ocupación.

2004

 

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