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EDITORIALES

 

El pueblo palestino conmemora el Día de la Tierra
 

El pueblo palestino en los territorios ocupados en 1948, en Cisjordania, en Gaza, y en la diáspora conmemora el Día de la Tierra cada 30 de marzo. Los acontecimientos de este día se remontan al año 1976 cuando las autoridades israelíes confiscaron miles de dunoms (1 dunoms = 900 m2) de tierras a los palestinos, especialmente en la zona de Galilea.

Las masas populares de Palestina declararon una huelga global contra ese plan sionista de apoderarse de la tierra palestina. Desafiaron a las autoridades israelíes que reaccionaron de manera brutal y severa al enviar fuerzas del ejército, apoyadas con tanques, a las aldeas palestinas para ocupar sus tierras y agredir a los civiles palestinos.

Realmente los acontecimientos del Día de la Tierra se iniciaron el 29 de marzo con una manifestación popular en el poblado de Der Hanna, la cual fue reprimida. Luego, otra manifestación de protesta tuvo lugar en la aldea de Arraba y la reacción sionista fue aún más fuerte provocando la muerte de un palestino y decenas de heridos.

La noticia de la caída de un palestino hizo que se expandieran las manifestaciones y las protestas en todas las zonas árabes. Durante esos dos días de enfrentamientos hubo 6 mártires.

El Día de la Tierra se considera como el día en que se evidencia claramente la contradicción entre las autoridades israelíes y las masas árabes palestinas en los territorios del 48. Por una parte, los sionistas intentaron, con su represión, humillar a las masas indignadas y hacerles saber que eran ellos los dueños de la tierra. Por otra, el desafío público palestino a la ocupación constituyó el inicio de una nueva era de enfrentamiento a la política de confiscación.

El Día de la Tierra contribuyó de manera directa a la unificación de las filas de los palestinos en los territorios del 48 para enfrentar colectivamente al estado ocupante que empezaba a descubrir su idiosincrasia racista.

La batalla por la tierra no culminó el 30 de marzo, sino que se mantiene hasta nuestros días. La práctica de robo de nuestras tierras aún acosa y persigue al pueblo palestino y los planes de expansión israelí pretenden asfixiar y bloquear cualquier posibilidad de desarrollo.

Estamos ante una realidad muy dura y una etapa muy compleja en la cual aumenta el racismo sembrado para arrebatarnos no sólo la tierra sino también el derecho legal a existir.

Este es el momento de la unidad palestina y el fin de la división, que es el punto débil en la posición nacional, aprovechado por Israel para ejecutar sus planes y escapar de asumir su compromiso de llegar a un acuerdo equitativo que contemple el derecho al retorno y la creación del estado Palestino independiente con Jerusalén como capital, sobre los territorios ocupados en 1967, en virtud de las resoluciones internacionales y principalmente la Resolución número 181 de 1947.

Hoy nos debemos detener, reflexionar y aprender las lecciones de las continuas agresiones sionistas y de los más viles planes racistas contra nuestro combativo pueblo, ahora representado por Gaza como víctima del holocausto.

Estamos seguros de que se intensificará la lucha en los territorios del 48 y que está cerca la nueva intifada en Cisjordania y Jerusalén.

Debemos prepararnos con la unidad para enfrentar el avance diario del colonialismo, puesto que no existe aldea palestina que no haya sido afectada por el Muro de Separación racial o por los asentamientos que rodean a la población palestina.

Debemos detener las negociaciones con el estado hebreo hasta que se ponga fin al colonialismo, así como también debemos incluir en la agenda de negociaciones los derechos legítimos representados en los principios nacionales: el estado independiente con frontera y soberanía sobre Jerusalén y el derecho al retorno.

Insistimos en la necesidad del diálogo palestino-palestino para lograr la unidad nacional que fortalezca y profundice nuestro derecho a la resistencia como un derecho fundamental que perdure mientras exista la ocupación.

También son necesarias la unidad árabe oficial y el fin de la división, que propicien una posición estratégica de unidad que responda a los intereses palestinos y a las cuestiones de la seguridad de la Nación Árabe a través de un desempeño efectivo que abandone la indiferencia ante el uso de armas prohibidas internacionalmente y los crímenes sionistas, incluyendo el genocidio, cometidos contra los civiles en Gaza. Los pueblos y gobiernos árabes deben presionar seriamente para llevar a los criminales israelíes a la Corte Internacional, tomando los testimonios de los soldados de la ocupación sionista sobre las atrocidades cometidas en Gaza, además se debe exigir a Naciones Unidas la creación de un tribunal especial y provisional, como en el caso de Ruanda, Sierra Leona y Cambodia, para hacer justicia y castigar jurídicamente a los culpables sionistas.

Marzo 2009

 

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