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EDITORIALES

 

Escalada militar sionista… más allá de la simple captura de un soldado
 

La magnitud y la naturaleza de la agresión israelí contra los territorios palestinos van más allá de la cuestión de la simple captura de un soldado israelí a manos de un grupo de combatientes palestinos durante una valiente acción militar, el pasado 25 de junio.

La actitud militar y política de Israel contra los palestinos en Cisjordania y la Franja de Gaza, las amenazas de extender la agresión hacia el exterior, que ya comenzaron por el Líbano y su aventura de agudizar las tensiones en la región, aunque conlleve a abrir más de un frente a la vez, obedece a un proyecto israelí adoptado por el gobierno de Ehud Olmert, que consiste en destruir a la Autonomía Nacional Palestina (ANP) y la Infraestructura de estos territorios. Todo ello con vistas a impedir el establecimiento de un Estado Palestino Independiente e imponer, por consiguiente, una solución unilateral de carácter segregacionista.

No es un secreto para nadie que el “prestigio” del Ejército Israelí sufrió una humillación en la operación “La Ilusión Disipada” a manos de combatientes palestinos contra una base militar en una zona fronteriza con Gaza. Tampoco es secreto que las operaciones contra las posiciones militares israelíes infunden la preocupación y los temores de Tel Aviv, debido a que pone a Israel en una situación incómoda, tanto política como militar.

En lo político descapitaliza sus acusaciones de terrorista a la resistencia palestina y deja ver a toda luz que se trata de un enfrentamiento entre destacamentos palestinos armados y soldados de la ocupación, sin abarcar a los civiles.

En lo militar, pone al ejército israelí, sus capacidades y condiciones militares a prueba, y por consiguiente solo el hecho de sufrir bajas o que caigan soldados israelíes prisioneros en manos palestinas, significa una humillación al “invencible ejército” y genera cuestionamientos sobre su verdadero nivel y cualidades. Hecho que tal vez explique, de un modo u otro, la magnitud de la respuesta, que, entre otras cosas, intenta buscar el perdido prestigio.

El mensaje israelí está más que claro, Israel no reconoce líneas rojas en su agresividad contra los palestinos y los árabes. La invasión de Beirut en 1982 y la actual agresión para destruir la infraestructura libanesa, constituyen el colmo del menoscabo a dichas líneas. El Estado Hebreo continúa actuando sobre esta base; otro ejemplo es el bombardeo a la Central Eléctrica de la Franja de Gaza, un objetivo civil, ya que la planta no suministra servicios a instalaciones militares porque en Gaza no existe ninguna. En este contexto bombardeó la sede del Primer Ministro, Ismail Haniyeh, el Ministerio del Exterior, de la Economía, del Interior, la Universidad de Gaza, los Círculos Infantiles y viviendas de la población civil y a fuerza de fuego, aisló zonas entre Israel y la Franja de Gaza.

Al reincidir en su actitud, Israel trata de implantar las reglas de un juego propio, donde la primera regla es, como ya dijimos, la inexistencia de líneas rojas que le permiten alcanzar sus objetivos, y lo que se aplica a los demás no es obligatorio para ese estado Hebreo.

Lamentablemente podemos decir que Israel ha logrado, hasta cierto punto, imponer esta realidad, simplemente por el hecho de que la Diplomacia Internacional solo se acuerda del soldado israelí prisionero y llama a los palestinos a liberarlo, mientras se olvida o hace caso omiso a los crímenes de guerra que comete Israel bajo la cobertura de “la reacción” ante la captura de uno de sus soldados.

Al actuar impunemente en contra de la institución palestina, Israel pretendió enviar otro mensaje evidentemente amenazador. Bombardeó las sedes del Primer Ministro y del Ministerio del Interior y apresó a varios diputados, ministros y alcaldes, esgrimiendo el pretexto de pertenecer al movimiento Hamas y “su implicación en acciones terroristas” contra el Estado Sionista.

Sin embargo, la lectura política de estos acontecimientos hace entender que Israel no reconoce ninguna inmunidad de la Autoridad Nacional Palestina, salvo cuando ésta obedece las condiciones israelíes en las esferas políticas y de seguridad. En otras palabras, Israel está dispuesto a paralizar y desactivar esas instituciones siempre y cuando no obedezcan las políticas sionistas.

El último bombardeo a las sedes gubernamentales nos recuerda la escalada militar que abarcó los centros de los aparatos de seguridad palestina, las incursiones contra la sede de la Televisión y otros ministerios e instituciones en Cisjordania, en un paso que conlleva implícitamente el mismo mensaje. Tales hechos nos recuerdan también la destrucción de la sede del extinto presidente Yasser Arafat por los tanques israelíes.

Lamentablemente podemos decir que Israel, con el apoyo de EE UU, pudo neutralizar la posición árabe, que en lugar de ser una posición de apoyo a los palestinos, se convirtió en mediación para arribar a una solución sobre la cuestión del prisionero israelí, como si todo sólo se circunscribiese a este tema.

Del mismo modo podemos decir que Israel logró una cobertura informativa y diplomática a su agresión al dejar en la penumbra todo el sufrimiento del pueblo palestino en Cisjordania y la Franja de Gaza (el bloqueo financiero y económico, los cortes de electricidad y de agua potable, la carencia de medicamentos y demás servicios médicos, los asesinatos diarios, los atentados... etc); hasta tal punto que la comunidad internacional renunció a los mecanismos de ayuda redactados y aprobados por el Comité Cuatripartito y solo está pendiente del ¨drama¨ del soldado apresado. Las advertencias a toda voz de la Agencia de Naciones Unidas de socorro a los palestinos, UNRWA de una posible catástrofe humanitaria en los territorios palestinos, se las llevó el viento y no encontraron eco en los medios internacionales.

Toda esta política israelí está encaminada a convencer a la comunidad internacional de su propia visión de la situación palestina basada en la prefabricada fórmula: “Israel no tiene ante sí un negociador palestino. La situación palestina está dividida e inconsistente donde la parte dispuesta a negociar – Abu Mazen – no posee poder de ejecución de lo que se puede acordar mientras la parte más fuerte y en condiciones de poner en vigor lo acordado – Hamas – no está apto para un proceso negociador por su supuesto pasado terrorista” .

Israel seguirá la batalla contra Hamas, continuará neutralizando e ignorando al presidente Abu Mazen, para convencer a la comunidad internacional de su visión y de la certeza del Proyecto de Olmert sobre una solución unilateral y sin negociaciones, que delinee una solución permanente en Cisjordania.

A cambio, cabe señalar que la situación palestina no pudo obstaculizar ni impedir la pujanza de la posición israelí.

A nivel palestino se careció de un movimiento diplomático frente a la diplomacia israelí. El Departamento Político de la OLP no tomó ninguna iniciativa de acción. El Ministerio de Asuntos Exteriores de la ANP padeció de igual estado de parálisis. Las embajadas palestinas en las capitales del mundo asumieron una actitud de espectadores pasivos. Ese estado de inacción se debe en gran medida a la falta de un criterio unido para conducir la crisis y buscarle solución.

Todos esos hechos causaron mucho daño a los intereses palestinos en la palestra internacional y los presentó en una muy débil posición, cuando la misma, debió ser fortalecida tras la operación ¨La Ilusión Disipada¨.

Por otra parte, la operación “La Ilusión Disipada” reveló la situación palestina y dejó bien claro la magnitud del daño provocado por la falta de un discurso político unificado, reflejo de un Programa Político Unificado. Al mismo tiempo, permitió ver el daño que provoca la existencia de dos poderes, cada cual con un discurso y una visión propia.

Por lo tanto, la solución al asunto del prisionero israelí no puede ser la devolución gratuita, a cambio de nada. Ello estimularía la agresividad israelí y lo impulsaría desenfrenadamente a llevar a cabo su proyecto, pero además, dar un paso como ese, sería condenar la captura del soldado israelí y por consiguiente, condenar la operación.

Nuestro pueblo, con todo su derecho, tiene la esperanza de liberar a casi 10 mil de sus hijos, sometidos a condiciones denigrantes e infrahumanas; algunos de ellos ya cumplen 3 décadas detenidos en cárceles sionistas.

2006

 

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