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EDITORIALES

 

Palestina resiste la salvaje agresión sionista
 

La sangre que todavía se derrama en Palestina a manos del criminal sionista demuestra nuevamente las peculiaridades de la batalla que libra el pueblo palestino y la naturaleza del enemigo que enfrenta. Un enemigo carente de valores y moral que trata de justificar las matanzas y destrucciones de viviendas con el falso pretexto de la autodefensa. Esos actos criminales no son más que la doctrina de la muerte, que caracteriza al ocupante desde que holló la tierra palestina.

Las decenas de masacres cometidas por los sionistas no son más que un intento de obligar a los palestinos a abandonar sus propiedades y tierras. Así ocurrió en Deir Yassin, en 1948, cuando sus bandas terroristas irrumpieron en esa aldea y cometieron una horrenda masacre para luego recorrer las calles de Jerusalén Occidental exhibiendo alegremente los cadáveres de niños y mujeres.

Esa conducta aún predomina en la actitud del Estado Hebreo que pretende liquidar al pueblo palestino y su resistencia surgida para enfrentar los crímenes de guerra israelíes. Lo que sucede hoy en el norte de Gaza, en Jabalia y otros sitios de los territorios ocupados, constituye un ejemplo de esa política sangrienta, pues decenas de mártires, cientos de heridos y un gran número de viviendas destruidas son el resultado del intento de apagar la voz de la resistencia que defiende heroicamente el campamento de Jabalia.

La incapacidad del aparato militar de Sharon de liquidar la lucha del pueblo palestino, se refleja en la repetición de las escenas de sangre. Sharon llegó al poder levantando la consigna “dejen al ejército que triunfe” y utilizó todo lo que su ejército posee en cuanto a equipos militares con el fin de doblegar la voluntad del pueblo palestino.

En una etapa determinada, con el recrudecimiento de la agresión, el primer ministro sionista pensaba haber logrado lo que más deseaba, pero al despertar descubría que solo eran ilusiones. Entonces cometía nuevos y más sangrientos actos que forman parte de una política de castigo colectivo, como los presenciados en estos días en el norte de Gaza.

El Estado terrorista de Israel para ocultar su fracaso en tratar de apagar el fuego de la resistencia palestina, cree que el castigo colectivo hará detener la lucha. Sin embargo se ha demostrado lo contrario, pues después de cada invasión, destrucción y asesinato, la resistencia se fortalece aún más.

Los gobiernos árabes y del resto del mundo permanecen en silencio ante tales crímenes del gobierno fascista de Sharon, mientras Washington, con la arrogancia acostumbrada, repite su ya conocida frase del derecho del Estado Sionista a la autodefensa. Posición que se refleja en otros lugares del mundo bajo distintas nociones como la llamada defensa de la libertad y los derechos humanos o el enfrentamiento a los crímenes de exterminio, en una política de doble moral que reafirma la naturaleza de la petulancia norteamericana-sionista que pretende imponer un nuevo concepto para gobernar al mundo.

Hoy los palestinos con sus cuerpos enfrentan esta cruel política y ratifican que son capaces de continuar el camino de la Intifada a pesar de todas las masacres y crímenes del gobierno de Sharon.

El pueblo palestino continuará su lucha hasta la victoria y sabrá resistir la salvaje agresión israelí acompañada de un silencio cómplice y, a veces, de la conspiración árabe.

2005

 

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