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Al-Nakba ante una nueva realidad
Por: Juan Dufflar Amel
25 de mayo del 2011
 

Inscrita como una de las grandes tragedias de la humanidad de los tiempos modernos, Al-Nakba, es la gran catástrofe que desde el 1948 sufre el pueblo palestino a causa de la cruel limpieza étnica perpetrada por Israel contra el 85 % de la población árabe residente en los históricos y genuinos territorios de Palestina, donde se implantó el Estado sionista, tras la injusta y arbitraria Resolución 181 aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas, el 29 de noviembre de 1947.

Desde esa infausta fecha, en que mediante el terror y la represión más de 800 mil hombres, mujeres y niños fueron expulsados de sus hogares, hasta el presente. Impedidos de retornar a sus tierras, a su propia Patria, el número de refugiados palestinos supera actualmente los 7 millones.

Desde su fundación, el sionismo pretendió siempre ocupar toda Palestina y colmarla de inmigrantes judíos provenientes de diversas partes del mundo, y mantener a la histórica población árabe autóctona segregada en bantustanes, para lo cual años, más tarde, la Sudáfrica racista les sirvió de modelo.

Las horrendas matanzas de palestinos indefensos, como las de Kufr Qasem, Deir Yasin, Sabra y Shatila, y un sinfín de masacres más, se reeditarían años más tarde en Junín, en la Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental. La agresión militar israelí a la Franja de Gaza, en el año 2007, causó de la muerte a miles de palestinos y el bloqueo por aire, mar y tierra a ese territorio, sumió en una grave crisis humanitaria al millón y medio de sus habitantes.

Israel ha practicado y practica el asesinato selectivo de los dirigentes palestinos, ejerce una criminal represión contra la población civil, ha construido un muro segregacionista en los territorios ocupados en Cisjordania, insiste en judaizar a Jerusalén, se niega a la constitución de un Estado palestino independiente, al retorno de sus refugiados y a la libertad de los miles de presos políticos en las cárceles sionistas. Actos que confirman la falta de voluntad de los dirigentes de Tel Aviv para el logro de una paz justa, global y duradera en el cruento conflicto, que se prolonga por más de 6 décadas.

En la ejecución de esos planes geopolíticos, Israel ha contado siempre con el respaldo político, económico y militar de su fiel aliado, Estados Unidos, que lo utiliza como su gendarme en la consecución de sus proyectos intervencionistas y hegemónicos en el Oriente Medio.

Es ese el escenario en los que durante 63 años los palestinos han colmado ciudades, plazas y aldeas en airadas manifestaciones para conmemorar la trágica fecha del 15 de mayo de 1948 para su pueblo y para exigir sus inalienables derechos a la constitución de un Estado Palestino soberano e independiente, que les fue arrebatado entonces ante la pasividad e indiferencia de la comunidad internacional.

Sin embargo otras son las circunstancias internas y externas muy favorables a la causa palestina en las que tendrá lugar este año la conmemoración del aniversario de Al-Nakba.

El acuerdo de reconciliación para la independencia, suscrito en El Cairo entre las organizaciones palestinas, sumamente esperanzador y clave para la formación de un gobierno de unidad nacional, la convocatoria a elecciones presidenciales, legislativas y del Consejo Nacional Palestino en el término de un año, y la posibilidad más cercana al total reconocimiento del Estado Palestino, con Jerusalén este como capital y dentro de las fronteras del 4 de junio de 1967, existentes antes de la llamada Guerra de los Seis Días.

Este pacto unitario se produce dentro del creciente movimiento de reconocimiento internacional al Estado palestino, respaldado por más de 143 de los 191 Estados miembros de Naciones Unidas, y cuyo tema será presentado por la Autoridad Nacional Palestina ante la Asamblea Nacional de la ONU, el próximo mes de septiembre.

Otro factor de indudable importancia e influencias positivas para el logro de una solución negociada al cruento conflicto israelo-palestino son los acontecimientos que están teniendo lugar en diversos países árabes del Oriente Medio.

La caída en Egipto del régimen dictatorial de Hosni Mubarack, que tantos servicios prestó a Israel y Estados Unidos, introdujo cambios radicales en la posición de las nuevas autoridades del Cairo hacia el tema palestino. La apertura del Paso de Rafah para el libre tránsito de los habitantes de la Franja de Gaza, la autorización para el acceso de alimentos y medicinas hacia ese territorio y la declaraciones del Ministro de Relaciones Exteriores egipcio, en la que insta a Estados Unidos a reconocer al Estado palestino, son signos evidente de los nuevos tiempos, compulsados hoy por las revueltas, rebeliones y manifestaciones de los pueblos árabes en reclamo de transformaciones políticas, económicas y sociales, que por muchos años les fueron negadas por regímenes y gobernantes autocráticos.

En un hermoso gesto de solidaridad humana con sus hermanos palestinos, el día de la conmemoración de Al-Nakba, cientos de jóvenes egipcios realizarán una marcha desde El Cairo hasta la Franja de Gaza para expresar su apoyo a sus pobladores, hacerles entrega de recursos necesarios a su subsistencia y apoyar la causa por la libertad y plena soberanía e independencia de Palestina.

Los rechazos de Israel y Estados Unidos al acuerdo firmado en El Cairo, no se hicieron de esperar.

El Parlamento sionista aprobó el 22 de marzo de 2011, por 37 votos a favor y 25 en contra, una nueva legislación -conocida como Ley de Al-Nakba- propuesta por el partido de extrema derecha Israel “Nuestro Hogar” que penaliza la celebración de Al-Nakba con multas a autoridades que financien u organicen eventos para conmemorar esa fecha dentro de su territorio y tras la firma del pacto de reconciliación, no solo no lo aceptaron, sino que como chantaje económico bloquearon fondos palestinos por valor de más de 86 millones de dólares, por concepto de recaudación de impuestos aduanales.

Además, el ejército israelí desplegó sus fuerzas represivas para evitar manifestaciones en los territorios de la Ribera Occidental.

Por su parte, la Casa Blanca acogió con suma frialdad el acuerdo, del que, dijo, estudiaría “la implementación práctica”, mientras Obama reiteraba al presidente de la ANP, Mahmoud Abbas, que no reconocería al Estado Palestino, sin el consentimiento de Israel.

Lógicas posiciones de quien para Palestina y demás pueblos árabes constituyen la alianza de la hiena y el zorro.

 

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