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Cuando el terror queda impune
Por: Juan Dufflar Amel
4 de abril del 2012
 

En sus proyectos geoestratégicos para África del Norte, el Oriente Medio y el Golfo Pérsico, Estados Unidos, Israel y la Alianza del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) han establecido una especie de división internacional del trabajo para las guerras sucias.

El Gobierno norteamericano compartió con la OTAN la acciones bélicas en las ocupaciones de Afganistán e Irak. La Administración de Barack Obama comisionó a la organización atlántica para apoyar la subversión y el derrocamiento de Muammar Al-Gaddafi en Libia, y ahora tiene el encargo de desestabilizar el gobierno de Bachar Al-Assad en Siria, mantener las amenazas contra la República Islámica de Irán y tratar de mediatizar las rebeliones populares en Túnez y Egipto.

Washington deja así las manos libres a Israel para continuar su limpieza étnica de la población civil palestina dentro de los territorios ocupados, con un saldo diario de muertes que incluye a niños, mujeres y ancianos.

En estas permanentes operaciones de asepsia racial sionista se inscribe como un primer hito criminal la masacre a la aldea de Deir Yassin, perpetrada el 9 de abril de 1948 por las hordas terroristas del Irgun Zwai Lerumi, organización paramilitar dirigida por Menahem Beguin, quien años después llegó a primer ministro del Estado judío.

Aquella matanza, que costó la vida a casi todos los 200 habitantes de esa comunidad, persiguió el propósito de aterrorizar a la población autóctona y hacerla huir de sus históricos lugares de residencia, en una acción de carnicero que la potencia ocupante mantiene sin cambios hasta el presente.

“Las repugnantes acciones que los judíos sionistas practican contra los árabes palestinos —escribió entonces Arnold Tynbee, célebre historiador inglés— son comparables con los crímenes perpetrados por los nazis contra los judíos durante la II Guerra Mundial”.

Prueba de ello es que bajo la mirada complaciente de Estados Unidos, la Unión Europea y otros países occidentales tuvieron lugar las agresiones al Líbano y a la Franja de Gaza, en julio del año 2006 y diciembre del 2008, respectivamente, con un saldo cercano a las 3 mil muertes entre ambas acciones y un similar número de heridos.

Tras la Operación Plomo Fundido en el año 2008, el Estado sionista arreció sus ataques y el bloqueo impuesto por aire, mar y tierra a la Franja de Gaza desde el 2006, lo que hace muy difícil la existencia para el millón y medio de palestinos que la habitan.

Estas acciones quirúrgicas se realizan bajo el argumento de responder al lanzamiento de misiles artesanales por parte de las agrupaciones político militares palestinas que los utilizan como forma de defensa frente a las incursiones invasoras.

Los recientes ataques del ejército y la aviación sionista han causado 25 muertos y un centenar de heridos, entre ellos varios niños, y se consideran los más cruentos desde agosto del 2011, cuando asesinaron a 29 palestinos en represalia por un atentado realizado en la península del Sinaí, que cobró la vida de ocho hebreos.

El bloqueo e incursiones en la Franja, la ampliación de las colonias judías en Cisjordania y Jerusalén oriental, su negativa a detener su construcción y la del muro segregacionista, no solo impiden el reinicio de las negociaciones para un acuerdo de paz, sino que confirman la falta de voluntad política para poner fin a la crisis israelo-palestina.

Desde que el pasado septiembre la Autoridad Nacional Palestina (ANP) presentó ante la Asamblea General de la ONU la demanda del reconocimiento del Estado Palestino independiente y de que la UNESCO le concediera su condición de miembro de esa agencia especializada de la ONU, Israel agudizó la represión y los bombardeos a la población civil árabe.

El primer ministro judío, Benjamín Netanyahu, se niega a detener la ampliación de los asentamientos de colonos y pone como condición para el reinicio de las negociaciones con la ANP que esta escoja entre la unidad con el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas), que gobierna en la Franja de Gaza desde el año 2006, o las negociaciones con Tel Aviv.

Todo indica que con el apoyo de su aliado norteamericano y el amparo de la capacidad de veto de este en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Israel continuará ejerciendo impunemente el terrorismo de Estado contra el pueblo palestino.

 

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