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Israel, a la sombra de la OTAN
Por: Juan Dufflar Amel
20 de abril del 2011
 

El que la retórica belicista de Israel se mantenga con un bajo perfil ante los acontecimientos en varios países árabes del Norte de África y del Oriente Medio, no significa que permanezca al margen de una situación tan convulsa y cercana a su entorno político y geográfico.

Tel Aviv tiene sobrados motivos de preocupación por las consecuencias de estas rebeliones y manifestaciones de protesta popular contra los poderes constituidos, y sobre todo, por las derivaciones que puedan tener para la seguridad y estabilidad del Estado sionista.

La insurrección que derrocó en Egipto al régimen de Hosni Mubarak, fiel aliado y servidor de la política de Estados Unidos e Israel en la región, apresuró al primer ministro, Benjamín Netanyahu, y al Knessset (Parlamento) a demandar a la Junta militar que asumido el poder en ese país el respeto a los tratados internacionales.

Los temores iniciales sobre las acciones del Cairo se sustentaban en una anulación de los Acuerdos de Camp David por parte de la Junta, y la apertura de un libre acceso del paso fronterizo egipcio de Rafah a la Franja de Gaza, aunque para su beneplácito, hasta el momento nada ha cambiado al respecto.

Similares movimientos de rebeldía en Yemen, Jordania, Bahrein, Omán, Emiratos Árabes, Arabia Saudita, Siria, Marruecos, y la guerra civil en Libia, con la participación de Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Italia, Canadá, el apoyo de países de la Unión Europea, de la Liga de Estados Árabes, y el respaldo militar de la OTAN, mantienen alerta a Israel por la posibilidad de que esos sucesos en zonas del Mediterráneo y del Golfo Arábigo-Pérsico, originen cambios nada favorables al Estado sionista.

Se suman a las preocupaciones de Tel Aviv las airadas consignas populares en las manifestaciones de repudio a los poderes autocráticos o monárquicos en esos países, y que condenan también el genocidio israelí contra la población palestina y la ampliación de los ilegales asentamientos judíos en los territorios ocupados mediante el desalojo de sus habitantes árabes.

A la sombra de los bombardeos de la OTAN contra Libia para derrocar al gobierno de Muammar Al-Gaddafi, y de las maniobras de Estados Unidos y sus aliados de la Unión Europea para mediatizar y desviar de sus objetivos a los movimientos insurrecciónales árabes, el gobierno sionista arrecia los ataques de su aviación y de su ejército en la labor de limpieza étnica palestina; mantiene el inhumano bloqueo a la Franja de Gaza, y construye centenares de nuevas viviendas para sus colonos en Cisjordania y Jerusalén Oriental.

Única potencia nuclear en el Oriente Medio, con un estimado de 400 ojivas con cabezas atómicas, Israel no se contenta con la cuantiosa ayuda militar de 3 mil millones de dólares que recibe anualmente de Estados Unidos.

“Podría resultar sensato para Estados Unidos invertir otros 20 mil millones de dólares en mejorar la seguridad de Israel para la próxima generación”, afirmó el ministro israelí de Defensa, Ehud Barack, en una reciente entrevista al Wall Srteet Journal.

Algunos analistas señalan que los dirigentes israelíes quieren aprovechar las revueltas e el mundo árabe para obtener un incremento de la ayuda militar estadounidense, a la vez que obvian cualquier plan serio para relanzar las negociaciones de paz con los palestinos, interrumpidas desde hace 8 meses debido a la colonización judía En Cisjordania y Jerusalén oriental, rechazadas por la Autoridad Nacional Palestina.

Los acontecimientos políticos en el norte de África refuerzan la falta de voluntad política sionista en alcanzar un tratado de paz definitivo con Palestina y alimentan su reticencia a la constitución de su Estado independiente y soberano.

En días recientes, el viceprimer ministro israelí, Dan Medidor, ha manifestado su oposición a que la base de las negociaciones de los limites del Estado palestino sean las fronteras previas a la Guerra de los Seis Días de 1957, es decir, los territorios ocupados de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental. Como la OTAN, Israel aprovecha la coyuntura para imponer a sangre y fuego sus objetivos.

 

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