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Israel, el merecido repudio internacional
Por: Juan Dufflar Amel
20 de enero del 2011
 

Ni Estado Unidos, su aliado estratégico, ni la propaganda sionista en los medios de prensa occidentales, o el lobby judío, que tanta influencia ejerce en la política exterior norteamericana, logran detener el descrédito de Israel por sus acciones contra el pueblo palestino, o atenuar su aislamiento en el escenario internacional.

El repudio antisionista aumentó con el reciente reconocimiento al Estado de Palestina dentro de las fronteras de 1967, por Brasil, Argentina, Bolivia, Venezuela, Uruguay, Ecuador y ahora Chile, aunque sin referirse este último a sus límites, y su probable extensión a otras naciones de nuestro continente.

El establecimiento de esas relaciones diplomáticas y las ya existentes con un centenar de otras naciones, dan fe del extendido apoyo a la restitución de los derechos inalienables del pueblo palestino, los cuales ninguna de las múltiples e inefectivas resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas han hecho valer hasta el presente.

En la soberana decisión de esos gobiernos se evidencia también un implícito rechazo al genocidio perpetrado por Israel en los territorios palestinos de la Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental y al incremento en ellos de los ilegales asentamientos de colonos judíos, dos grandes obstáculos para la consecución de una paz justa y duradera del cruento conflicto.

La exacerbada avidez sionista de colonizar y anexarse los territorios árabes usurpados tras la Guerra de Los Seis Días, en 1967, confirmó que la futura expansión y defensa de sus “nuevas fronteras” las realizaría mediante la confrontación militar.

Conforme a esos objetivos, la geofagia israelí se volcó sobre las ocupadas localidades árabes. Miles de viviendas de colonos judíos comenzaron a expandirse como lava volcánica sobre las ruinas de los demolidos hogares palestinos, mientras instalaciones militares hebreas se asentaron en las Alturas del Golán sirias o en el Sur del Líbano,

Su política antiárabe y su negativa a renunciar a esos planes hicieron culminar en un rotundo fracaso los y numerosos procesos de negociaciones que se sucedieron tras la Conferencia Internacional de Paz en Madrid en 1985, que lanzó la consigna de tierra por paz.

Tel Aviv no acepta la constitución de un Estado palestino con plena soberanía e independencia, pues rechaza volver a las fronteras de 1967 mientras proclama a Jerusalén, su capital histórica, única e indivisible, rechaza la evacuación de sus colonias, la liberación de a miles de presos palestinos y el retorno de cerca de siete millones de sus refugiados.

Es paradójico, pero después del inicio en septiembre pasado de las conversaciones directas entre el gobierno de Israel y la Autoridad Nacional Palestina, promovidas por Estados Unidos y ahora estancadas, la situación del pueblo palestino se deterioró aún más, mientras el levantamiento de nuevas colonias y represión sionista en los territorios ocupados adquirió mayor violencia.

Ni las iniciales seguridades dada por la Casa Blanca sobre la posibilidad de una solución de paz mediante las últimas negociaciones auspiciadas por ella, contribuyeron a lograr ese objetivo. Al final Washington hizo “mutis por el foro” ante la imposibilidad de obtener de Israel el compromiso de una moratoria en la construcción de asentamientos.

En medio de las conversaciones directas entre Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí, y Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, el gobierno sionista mantuvo su férreo bloqueo por aire, mar y tierra a la Franja de Gaza, motivo de una desesperada crisis humanitaria para su millón y medio de habitantes, aumentó los bombardeos de su aviación y los ataques de su ejército contra esa localidad, Cisjordania y Jerusalén Oriental, causantes de nuevas muertes de civiles, a la vez que asesinó selectivamente a dirigentes de organizaciones políticas palestinas.

Sin embargo, a pesar de la indigencia política y moral de su gendarme sionista, EE.UU. maniobra para evitar que la Asamblea General de la ONU trate el reconocimiento del Estado Palestino, como solicitan su pueblo, sus líderes y las demás naciones árabes.

 

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