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Israel practica una política colonial protegida por regímenes racistas
Por: Tayseer Khaled*
8 de octubre del 2011
 

John Dugard, una brillante personalidad internacional, se destacó en la lucha contra el extinto régimen de discriminación racial en Sudáfrica y adquirió gran renombre en nuestra región luego de desempeñar el cargo de Relator Especial del Comité de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, encargado de denunciar las violaciones de Israel de los Derechos Humanos en los territorios palestinos ocupados.

Dada su vasta experiencia en brindar testimonio de los sufrimientos en su país, Sudáfrica, se encargó de dar seguimiento a la denuncia de la violación de los Derechos Humanos sufridos por los palestinos bajo la ocupación israelí. Esta labor la comenzó tan pronto como se percató de las características de discriminación racial que distinguen al régimen sionista.

La discriminación racial practicada por Israel en los territorios palestinos ocupados en su agresión en junio de 1967, es mucho más cruel y salvaje que la del régimen aplicado por la minoría blanca en su país.

Escribió en más de una ocasión diciendo “En mi condición de veterano activista en contra del régimen del Apartheid que gobernó en Sudáfrica y que visito a Palestina de forma sistemática para evaluar la situación que vive el pueblo palestino para la Comisión de los Derechos Humanos de la ONU, me llama mucho la atención y de forma muy especial la similitud entre la situación en Palestina y Sudáfrica”.

Muchos son los testimonios, a pesar de las deferencias en las condiciones y circunstancias entre Palestina y la Sudáfrica racista la cual fue desenmascarada por John Dugard y otros enviados internacionales, políticos y otros hombres de la ley extranjeros destacando el carácter salvaje del régimen racista, el cual Israel continua su practica en los territorios palestinos ocupados. Más allá de exponer la similitud entre ambas situaciones, quisiéramos concentrarnos en una cuestión de suma importancia reflejada en el informe presentado por el profesor John Dugard ante la Comisión de los Derechos Humanos en noviembre del 2007,en su condición de Relator Especial de la ONU para los Derechos Humanos en los territorios palestinos ocupados en 1967, puesto que este tema merece toda la atención mientras nos dirigimos hacia Naciones Unidas en el venidero mes de septiembre, con nuestro llamado al reconocimiento del Estado de Palestina según las fronteras del 4 de junio de 1967 incluyendo la parte Árabe de Jerusalén.

El profesor Dugard planteó la cuestión de la forma siguiente: “Es evidente que Israel ejerce la ocupación militar en los territorios palestinos ocupados y al mismo tiempo esta ocupación está basada en formas de colonización y discriminación racial contrarias al derecho internacional.

Hasta el momento, esta opinión no tuvo la merecida importancia tanto por la parte palestina como por la árabe, tampoco se concentraron en el enfoque de la relación entre la ocupación militar que continua desde 1967 y un sistema colonial establecido por Israel y protegido por regímenes de discriminación racial en los territorios palestinos ocupados. Sin duda existe una considerable diferencia entre la ocupación militar y la ocupación colonial, respaldada por leyes discriminatorias. Ambos casos son contrarios al derecho internacional, aunque se destaca la diferencia entre una ocupación militar como consecuencia de un conflicto armado y otra ocupación militar que se transformó en una ocupación colonizadora.

Muchos son los conflictos armados entre dos o más países y en muchas ocasiones éstos conflictos terminaron con la ocupación de un país por otro, tanto como consecuencia de pequeños conflictos así como mediante guerras regionales o globales.

Por ejemplo, tanto Alemania como Japón, fueron sometidas a la ocupación militar; sin embargo, fueron ocupadas por una situación excepcional y durante un breve tiempo, durante las cuales las fuerzas vencedoras no confiscaron la soberanía de los países derrotados, sino que se estableció una administración provisional en los territorios que se encontraban bajo la ocupación de la alianza vencedora. Similar situación se observa tanto en Iraq así como en Afganistán desde la invasión de Estados Unidos y de la OTAN a ambos países. Estas ocupaciones no alcanzaron la categoría de colonización, sino se mantienen como situaciones temporales que deben concluir con la firma de un acuerdo entre las partes que participan en el conflicto o mediante un acuerdo entre la potencia que ocupa los territorios y las autoridades políticas del país ocupado.

Sin embargo; la ocupación israelí es totalmente diferente, puesto que Israel no se comporta como una potencia ocupante que tiene el deber de asumir la administración provisional de los territorios bajo la ocupación, en este caso nos referimos a la Ribera Occidental, incluyendo a Jerusalén y la Franja de Gaza.

Israel no ha mostrado el más mínimo interés o respeto a las Resoluciones del Consejo de Seguridad y de la Asamblea General de Naciones Unidas y sus instituciones incluyendo el Tribunal Internacional de Justicia en lo que se refiere a sus políticas y a la administración de los territorios ocupados. Por el contrario, continúa mostrando su desafío a la Legalidad y al Derecho Internacional, alegando de que éstos territorios se encuentran en disputa, por lo cual no le corresponde la aplicación de las disposiciones legales de la Haya de 1907 o de los convenios de Ginebra de 1949, tampoco reconoce la vigencia de la aplicación de las disposiciones legales sobre conflictos armados, ni siquiera las sentencias del Tribunal Internacional de Justicia que condenan la construcción del muro de la discriminación racial dictada en 9 de julio del 2004.

Por lo tanto la conducta de Israel no se corresponde a la un estado simplemente de ocupación sino que además de ocupar es un estado colonizador de todos los territorios palestinos ocupados en 1967,de esta forma comete flagrantes violaciones del Derecho Internacional y de los Derechos Humanos Palestinos, especialmente de su derecho a la autodeterminación, aplicando férreas restricciones sobre el ejercicio de este derecho, a través de instituciones políticas y económicas además de disposiciones militares, administrativas y de discriminación racial.

Por lo tanto la batalla política con Israel, no se limita a la batalla contra la ocupación sino contra la colonización, especialmente contra su propósito de perpetuar la misma, lo cual obliga a la parte palestina hacerle recordar a la comunidad internacional y a todas sus instituciones la Declaración de otorgar la independencia a las colonias de 1960 y el Tratado internacional para la abolición del colonialismo y de todas las formas de discriminación racial de 1965.

La ocupación militar israelí de los territorios palestinos según las fronteras del 4 de junio de 1967, se convirtió desde hace largo tiempo en proyecto colonialista con objetivos claros de controlar estos territorios palestinos y anexarlos al Estado israelí con extremas restricciones sobre el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino bajo la ocupación, lo cual es sancionado y debe ser abolido según el derecho internacional.

Puesto que los asentamientos construidos por Israel especialmente en la ribera occidental y Jerusalén, representa una violación del derecho internacional, incluso se considera como crímenes de guerra según el capítulo ocho del Tribunal Penal Internacional en Roma, el cual emitió similar veredicto respecto al muro de la separación racial construido por Israel en las profundidades del territorio palestino ocupado en la agresión de1967 especialmente después de la sentencia del tribunal internacional de justicia, el cual hizo un llamado a Israel de detener este proyecto colonialista, derribar lo construido e indemnizar a las instituciones públicas y privadas. Este muro con más de 700 km de extensión a lo largo de la línea limítrofe con una profundidad que abarca el 9,8 % del territorio de la ribera occidental, lo cual deja la mayor parte de las aguas subterráneas bajo control total israelí, junto con los asentamientos israelíes construidos en los territorios palestinos calificados por Israel como el espacio de seguridad vital dando una demarcación de la posible solución política con la parte Palestina.

La sabiduría sugiere que la parte palestina en su lucha política contra Israel no puede seguir hablando de la ocupación militar. La presencia israelí en los territorios palestinos se convirtió en una situación colonialista en todos los parámetros definidos a nivel internacional. Los fundamentos del derecho internacional, prohíben y criminalizan este tipo de ocupación colonialista y exhortan su erradicación. Estos fundamentos son de obligatorio cumplimiento para la comunidad internacional y por todos los países del mundo, los cuales deben cooperar para poner fin a esta ocupación además de no reconocer la situación legal producida y rechazar cualquier apoyo a esta fórmula que ejerce este tipo de ocupación colonialista al estilo israelí.

Los acuerdos de Oslo no deben representar ningún obstáculo para la parte palestina en su lucha política contra Israel en todas las tribunas internacionales, tanto en el marco del Cuarteto Internacional así como a nivel de Naciones Unidas y sus instituciones por la sencilla razón de que éstos tratados, incluyendo el Tratado Económico de París de 1994, en sus contenidos son contradictorios con el derecho internacional, porque el objetivo de Israel es que éstos tratados otorgan la legalidad a sus proyectos colonialistas con el consentimiento palestino. Consideramos que el Tratado Económico de Paris contradice de forma flagrante lo estipulado en el derecho internacional porque en su esencia estipula la anexión del mercado y la economía palestina al mercado y la economía israelí, mediante la unidad arancelaria que contradice el derecho internacional ya que la parte Israelí impuso dicha unidad arancelaria a la parte palestina para forzar la anexión junto a la situación colonial impuesta a los territorios palestinos.

Es preciso destacar de que la política del Estado de Israel en su relación con la parte palestina va más allá de la ocupación colonialista de sus territorios ya que en aras de garantizar la protección a esta ocupación aplican un conjunto de medidas características de un régimen de discriminación racial, lo cual se refleja en la naturaleza de la extensión geográfica de los asentamientos de colonización y del muro de discriminación racial. Para justificar estas medidas Israel se encarga de adoptar cuantas leyes y disposiciones legales sean necesarias con el objetivo de otorgarle una falsa legalidad a sus medidas que por demás son contrarias al derecho internacional.

Israel aplica un régimen de control a estos territorios ocupados con prácticas y conductas inhumanas calificadas como criminales, según las disposiciones del Tratado Internacional sobre la discriminación racial. Lo cual se evidencia en sus prácticas de represión ante manifestaciones de resistencia pacífica a la ocupación, así como las legislaciones que lo amparan incluyendo el ajusticiamiento al margen de la ley, la tortura a los presos políticos y privarlos de sus elementales derechos, las detenciones arbitrarias incluyendo los arrestos administrativos, además de la política de aislamientos en zonas cercanas al muro de separación y a lo largo del Río Jordán, conjuntamente con los puntos militares de control de carretera, circunvalaciones, túneles, puentes en las cuales se le aplican extremas restricciones al movimiento y traslado de los ciudadanos y de las mercancías entre las ciudades y aldeas palestinas, concluyendo con la imposición de ambiguas disposiciones legales, donde los palestinos se encuentran sometidos a disposiciones y tribunales militares israelíes, mientras los colonos israelíes en los mismos territorios se subordinen a legislaciones civiles israelíes.

Recordando nuevamente aquella brillante personalidad internacional, el profesor John Dugard, el cual aconsejó a la parte palestina en su informe de tratar al régimen de ocupación colonialista israelí de la misma forma en que los pueblos de Sudáfrica trataron el abolido régimen de discriminación racial.

Es hora de aprender y aplicar esta experiencia y junto a nuestra propias vivencias, librar la batalla política contra Israel mediante la utilización de nuevos métodos y estrategias de lucha para poner fin a aquellas políticas que posibilitaron a Israel liberarse de cualquier sanción o condena por su conducta contra el pueblo palestino y por su conducta colonialista avalada por legislaciones racistas y el beneplácito de las grandes potencias.

 
Notas:*Miembro del Comité Ejecutivo de la OLP y miembro del Buró Político del Frente Democrático para la Liberación de Palestina
 

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