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La faz oculta de Israel
Por: Juan Dufflar Amel
18 de septiembre del 2012
 

Mientras el Estado de Israel —la única potencia nuclear en el Oriente Medio, emplea su poderosa maquinaria de guerra para aniquilar a la población civil palestina en la Franja de Gaza, ampliar sus colonias en los territorios de Cisjordania y Jerusalén Oriental y mantener ocupado el Golán sirio y las Granjas de Shaaba en el sur del Líbano, sus indignados ciudadanos se vuelcan a las calles de Tel Aviv y otras ciudades en reclamo de mejores condiciones de vida y reformas sociales.

La prensa occidental —ocupada en la calumniosa campaña mediática subversiva en contra de Damasco y Teherán y en hacer aparecer a Israel como probable víctima de supuestos planes urdidos por Irán—, no ha prestado atención a esas masivas protestas que tienen lugar en el país desde julio del pasado año debido a la carestía de los alimentos, las viviendas y los escuálidos presupuestos para la enseñanza y la seguridad social.

Organizaciones estudiantiles y otros amplios sectores de la sociedad israelí son activos participantes en estas manifestaciones, inéditas en la historia del Estado sionista, y que han reunido a más de 400 mil personas, tanto en Tel Aviv como en Jerusalén.

Entre tanto, las autoridades israelíes recurren como vía de apaciguamiento de la inconformidad al fomento de nuevos asentamientos de colonos judíos en los territorios palestinos, pero muchos ciudadanos del país no entienden que esa sea una medida válida, ya que su seguridad puede estar en riesgo de confrontación con sus legítimos habitantes, mientras otros desaprueban arrebatarle más tierras a la población árabe.

En algunas de estas manifestaciones han tenido lugar trágicos acontecimientos como los protagonizados por ancianos jubilados que se han prendido fuego dada su insostenible situación de pobreza, sin contar los masivos arrestos llevados a cabo por las fuerzas represivas del régimen del primer ministro Benjamín Netanyahu.

Este panorama de insatisfacción por las dificultades y carencias socioeconómicas a las que se ve sometida la población israelí, contrasta con la multimillonaria ayuda militar que el Gobierno recibe desde hace más de 60 años por parte de Estados Unidos, asistencia que le ha posibilitado dotarse de los más modernos armamentos y tecnologías de la industria de guerra, incluyendo la nuclear, y es posible a costa de los contribuyentes norteamericanos, que padecen los rigores de la crisis económica y financiera por la que atraviesa la nación.

Esas espléndidas partidas alcanzan un monto aproximado de 3 mil millones de dólares anuales. De tal modo Israel se convierte en el mayor receptor de la ayuda suministrada al extranjero por parte del Pentágono en subsidios y bajo condiciones mucho más favorables que la de otros receptores foráneos, como por ejemplo, Egipto.

Si bien parte del “generoso” financiamiento recibido por Israel se revierte con la propia compra de armas, equipos y tecnología a su fiel aliado, los beneficios económicos que le reporta este negocio a Estados Unidos están muy por debajo de lo que invierte en ellos, por lo que sus mayores ganancias son de carácter geopolítico y estratégico para el dominio de la región.

Cuando el ejército sionista ataca a la población palestina en la Franja de Gaza o a las manifestaciones de protesta en Cisjordania y Jerusalén Oriental, utiliza aviones de caza, helicópteros, tanques, misiles, fósforo blanco y excavadoras de manufactura estadounidense, en violación de los derechos humanos y las normas del derecho internacional, contenidas en la Carta de Naciones Unidas.

Es un contrasentido que la Ley de Ayuda al Exterior de EE. UU. establezca que no se puede suministrar ayuda a un país que se involucra en un patrón permanente de “violaciones del derecho internacional y de los derechos humanos”, cuando no aplica esto a su gendarme en el Oriente Medio, con un largo expediente de crímenes de lesa humanidad contra palestinos, sirios y libaneses y desmanes contra su propia población.

Aun cuando las protestas se han hecho masivas y sistemáticas en las calles del Estado sionista, los medios de comunicación occidentales ocultan estos hechos y concentran su artillería propagandística en derrocar al Gobierno de Siria y crear un estado de opinión favorable a un ataque contra Irán.

 

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