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Los indignados de las calles de Tel Aviv
Por: Juan Dufflar Amel
19 de agosto del 2011
 

En medio de la revuelta social que conmociona al Estado sionista, lo aseverado por Stanaley Fisher, director del Banco de Israel, de que: “la economía del país está en sus mejores momentos”, no deja de ser un alarde de pura fantasía.

El mayor desmentido proviene de los más de 350 mil manifestantes, que, por primera vez en la historia, colman las calles de Tel Aviv, Jerusalén, Dimona, y otras ciudades, en demanda de cambios en el “terrible sistema económico”, mejores condiciones sociales en la asistencia médica y la educación y rebaja del costo de los alimentos, alquileres e impuestos.

En una exhibición de fuerzas sin precedentes, estos reclamos populares se suceden desde hace dos meses y se han enardecido ante la promulgación por el Parlamento de una ley para acelerar la construcción de viviendas a muy altos costos, aprobada por el primer ministro, Benjamín Netanyahu, quien, además, rechazó las demandas de la población de cambios, justicia social, y de poner fin a las privatizaciones.

A estas masivas concentraciones de indignados ciudadanos se han unido los sindicatos de la Histradud, la central obrera israelí, que por primera vez participa también en las movilizaciones de protesta, las cuales han desplazado de la actualidad la habitual temática del prolongado conflicto israelo-palestino.

El movimiento no ha estado signado por la espontaneidad, pues las acciones de protestas se gestaron y convocaron a través de las redes sociales, entre ellas Facebook, y su grado de organización se expresa en el documento “Marco de inversión para una nueva agenda socio-económica”, elaborado y hecho público por los representantes de los indignados.

Las principales demandas contenidas en la proclama, son disminuir las desigualdades sociales, cambiar los principios del sistema económico, bajar el costo de la vida, erradicar el desempleo, imponer control de precios a los productos básicos, aumentar la inversión estatal en educación, salud y seguridad social, reducir los impuestos directos y poner fin a la privatización.

Ante estos acontecimientos sin precedentes en Israel, los analistas tas políticos señalan que la “sociedad de bienestar” tan exaltada por el régimen sionista degeneró en un voraz sistema capitalista neoliberal y en una economía subsidiada por Estados Unidos.

La nación hebrea es el mayor receptor de la ayuda económica norteamericana a países extranjeros. Desde 1949, Washington ha suministrado a Israel 101.mil millones de dólares en asistencia total, de los cuales más de 60 mil millones de dólares corresponden a la ayuda militar. Durante los últimos 20 años, Israel ha recibido un promedio de 3 mil cien millones de dólares anuales en subsidios para alimentar su maquinaria de guerra.

Estados Unidos es el primer socio comercial de Israel. Las exportaciones israelíes a Estados Unidos en el año 2009, ascendieron a más 16 mil 700 millones de dólares, o sea el 35% de sus exportaciones totales, mientras las importaciones se estimaron en 5 mil 848 millones de dólares.

Los astronómicos gastos en armamentos, las guerras de agresión en el Líbano, las operaciones militares en la Franja de Gaza, la colonización en Cisjordania y la crisis financiera estadounidense le han pasado la factura a la dependiente economía israelí, con nefastos resultados para sus ciudadanos.

Según el diario Haaretz, Netanyahu, compelido por las manifestaciones de protesta, se manifestó dispuesto a revisar sus posiciones en el área de política económica y fiscal y volver a estudiar las prioridades de gastos del Estado.

El premier sionista no imaginó que su coalición de gobierno ultraderechista viviría su peor momento a causa precisamente a lo que más le gustaba de presumir: la situación económica.

Sin embargo, más de 350 mil israelíes, en su mayoría jóvenes e integrantes de la clase media, volcados en calles y plazas y le han le han enviado un rotundo mensaje sobre la ineficacia de un sistema económico, incapaz de resolver las grandes y perentorias necesidades de la mayoría de la población.

 

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