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Por un estado palestino independiente. Ni un paso atrás
Por: Nayef Hawatmeh*
10 de octubre del 2011
 

Llamamos a una conferencia internacional convocada por Naciones Unidas con mecanismos para ejecutar las resoluciones y con tiempo cronológico para llegar al objetivo de crear el estado palestino soberano, sin muros, y con Jerusalén Oriental como capital.

Es el momento de llevar a cabo una campaña mundial de solidaridad internacional con el pueblo palestino y su derecho al retorno a su patria.

Una solidaridad que respalde el derecho a la autodeterminación y a la creación de un estado palestino independiente, de total soberanía, con su capital, Jerusalén, en virtud de todas las resoluciones de las Naciones Unidas, especialmente las 194, 242, 338 y 237, y que obligue a Israel a retirarse hasta la frontera del 4 de junio de 1967.

Situación catastrófica en Palestina

Desde su tribuna internacionalista, la revista “Tricontinental”, hacemos un llamado de atención a las fuerzas de paz, justicia y progreso, así como a la opinión pública mundial sobre la situación catastrófica en la histórica tierra de Palestina y en los territorios ocupados en 1967.

Luchamos junto a nuestro pueblo por una solución respaldada por la comunidad internacional y por una conferencia convocada por Naciones Unidas para llegar al objetivo: un estado palestino.

No podemos continuar las infructuosas negociaciones, iniciadas desde hace 19 años, mientras persista el colonialismo emprendido desde el primer día de la ocupación en 1967.

La desastrosa realidad en Cisjordania y Gaza, con las sucesivas administraciones sionistas expansionistas y con el actual gobierno racista de Benjamin Netanyahu, no constituye una situación provisional para que sea resuelta en las negociaciones o mediante el alcance de un plan determinado. Durante sus campañas y programas electorales, los cabecillas del régimen de Netanyahu habían hecho un llamado a rechazar las negociaciones y limitarlas únicamente a una esfera, bajo la consigna “la paz económica”.

La reanudación de las conversaciones bajo una correlación de fuerzas favorable a Israel, no resguarda a Jerusalén ni a Cisjordania de la actual situación, sino solo le permite al Estado sionista sacar provecho para la judaización y el colonialismo.

Tenemos la experiencia del Acuerdo de Oslo que, desde su firma, se han multiplicado por cinco los colonos (300 mil en Jerusalén y 350 mil en Cisjordania) utilizando diferentes métodos del apartheid y un conjunto de leyes coloniales para apoderarse de la tierra y expulsar a sus dueños, además del uso de la “Ley de Propiedades de los Ausentes” – se refiere a los refugiados expulsados en 1948 por la fuerza – que es el método más peligroso para convertir sus hogares en blancos.

Hubo una expulsión silenciosa desde el primer día de la ocupación, pero actualmente se está haciendo público, ya que la expulsión no es un mero uso de amenaza, sino un hecho y, mediante la Ley de Propiedades de los Ausentes, desde 1948, Israel se ha apoderado del 96 por ciento de los territorios palestinos.

Palestina dividida: una parte árabe y otra judía

Antes de la Gran Nakba Palestina, Naciones Unidas aprobó en 1947 la Resolución 181, que divide a Palestina en dos partes: una árabe y otra judía. Los judíos, que representaban en aquel entonces menos del 31 por ciento de la población, obtuvieron el 55 por ciento de la tierra y el resto quedó para el estado palestino.

La fundación de Israel no podía ser posible sin el apoyo del imperialismo (Estados Unidos e Inglaterra), que hegemonizaban el mundo.

Israel, por su parte, reconoció esta resolución condicional para constituir la plataforma legal de su existencia en la organización internacional.

Debido a la dependencia permanente de los imperialistas y al convertirse en un sólido aliado en la región, especialmente con el aumento de sus intereses en la reserva energética en el Medio Oriente, el estado sionista continuó ignorando todas las resoluciones de Naciones Unidas. Se puso en función de los intereses imperialistas y del suyo propio, frente a las fuerzas progresistas por la liberación y la justicia social palestina y árabe, además de aliarse al campo capitalista contra los ex países socialistas de Europa Oriental y los movimientos de liberación durante la Guerra Fría (62 años) hasta nuestros días, y frente al movimiento revolucionario, democrático y social por el progreso y la paz mundial.

Bajo la sombra del patrocinio imperialista, Israel resalta su racismo con el fin de crear un desconcierto entre los palestinos y los gobiernos árabes mediante un contradictorio planteamiento: considerar a los palestinos como árabes al intentar llevar a cabo su expulsión hacia esos países como si no fuera Palestina su patria.

Y, a la vez, considerarlos solo palestinos mediante grandes presiones del imperialismo, en concordancia con su interés sobre los gobiernos árabes, para impedirles el apoyo político y material, ya sea oficial o popular.

Visión imperialista

Como un proyecto vinculado a la visión del imperialismo y sus planes en esta importante zona desestabilizada del mundo, la idea del sionismo nació apegada al movimiento colonial occidental y en la etapa de transición al imperialismo.

Así se plasmó el matrimonio maldito en servicio de los intentos de enfrentar el progreso y la paz internacional. Este enlace encarnó la tragedia de los refugiados palestinos (el 68 por ciento del total de esos ciudadanos), que es la esencia de la causa nacional.

Dicha política continuó con el terrorismo organizado desde la fundación de Israel, lo que demuestra el deterioro moral y legal del trato internacional respecto a los derechos humanos, representados por el colonialismo británico desde la Declaración de Balfur en 1917, y más tarde por el imperialismo estadounidense.

Aquí nos encontramos a 60 años de la tragedia palestina y aún el mundo presencia los efectos de la dolorosa limpieza étnica sobre las consecutivas generaciones de refugiados palestinos.

Israel no es un estado democrático, sino racista, que ha puesto en práctica la política del apartheid. Sus leyes incluyen una marcada tendencia demográfica, un fenómeno abierto a todos los niveles, especialmente el jurídico, que expresa un profundo odio sionista, como lo demuestra la Ley de la Ciudadanía , la Ley del Supremo Tribunal y el conjunto de legislaciones que constituyen las más sucias y caducas expresiones discriminatorias en la historia humana.

Esta conducta se manifiesta en la negación, el arraigo y la expulsión de sus tierras que hoy engloba a los palestinos, los cuales representan la quinta parte de la sociedad israelí, o sea 1.2 millón de personas que enfrentan con firmeza la discriminación en su propia tierra desde 1948.

Retirar la nacionalidad de los palestinos

La discriminación continúa en todas sus formas, pues hoy el canciller extremista Avigdor Lieberman llama públicamente a retirar la nacionalidad de los palestinos y expulsarlos de su patria.

¿Qué estado del mundo expulsa a la quinta parte de sus habitantes?. Estas repetidas declaraciones no son nuevos elementos introducidos al escenario desde su visión horrorosa, sino es algo coordinado conforme a la tendencia demográfica de exclusión.

No es posible narrar la historia de la violencia presenciada desde la tercera década del siglo XX hasta nuestros días sin mencionar los horrendos baños de sangre cometidos por el sionismo a lo largo de todos estos años.

Esta realidad incita a las fuerzas progresistas y humanas a enfocarse en el futuro del Medio Oriente de una forma totalmente diferente, a hacer un análisis profundo y preciso del concepto moral del siglo XXI y ver como “un estado civilizado” patrocina las colectivas masacres en Palestina y el Líbano.

Estos extremismos, reflejados en el “Corazón de la oscuridad”, de Josef Conrad, fueron presenciados por él mismo, durante aquellos actos de la civilización neoliberal en gran parte del siglo XIX en África, especialmente en el Congo. Por tanto, no fueron pesadillas pasajeras en África, sino experiencias conscientes de exterminios en nombre de la libertad y la democracia proclamada.

El concepto de transfer (expulsión) tiene un vínculo directo con el exterminio, cuyo contenido describe no solo la capacidad y voluntad de eliminar a un grupo de personas, sino a todas las capas, así como el intento de eliminar a concentraciones humanas, según su raza: las mascares de Sabra y Shatila en 1982 dirigidas por Ariel Sharon; el holocausto de Gaza (2008-2009) y su bloqueo y castigo colectivo, que representa una aniquilación del presente y el futuro.

Esto demuestra que el objetivo de Adolfo Hitler no eran solo los judíos vivos sino también sus generaciones futuras. La clara diferencia entre el homicidio como un crimen que viola la vida de una persona o sistema jurídico y ético de la sociedad y el exterminio mediante el trabajo para aniquilar a una sociedad completa, radica en que este último es un crimen contra la familia colectiva, un crimen “contra la humanidad”, estipulado por la Ley Internacional, cuando se trata de destruir una nación, raza, color o tribu.

Terrorismo sionista

Las manifestaciones del terrorismo organizado del sionismo, con respecto a las disposiciones de Naciones Unidas después de la agresión de 1967 en Jerusalén Oriental y Cisjordania, radican en su actitud ante el compromiso de cumplir con la voluntad internacional.

Las resoluciones demandan la aplicación de la IV Convención de Ginebra de 1949 en dichos territorios en calidad de zonas ocupadas.

Israel, con la agresión, había rebasado la frontera del estado judío reconocida en la Resolución 181.

Dichos documentos trataron las medidas sionistas a raíz de la ocupación directa impuestas mediante leyes sionistas en la ciudad de Jerusalén ocupada. Por otra parte, la Asamblea General adoptó, el 4 de julio de 1967, la resolución 2253 que demanda a Israel anular todas las medidas tomadas respecto a Jerusalén y detener cualquier acción con fines de cambiar su situación. Los fallos se repitieron, incluyendo la del Consejo de Seguridad en agosto del 68, que considera las legislaciones y el apoderamiento de las tierras de Jerusalén inválidas para el cambio de su estado legal.

El 31 de julio de 1980, el gobierno sionista decretó la Ley Fundamental para Jerusalén, que declara a Jerusalén Oriental árabe y a Jerusalén Occidental como una ciudad de Israel, pero el Consejo de Seguridad adoptó dos resoluciones: la 476 en julio, y la 478 en agosto de 1980, afirmando la ilegalidad de dicha decisión, contradictoria al Derecho Internacional; además, la misma ley sionista es inválida para impedir la aplicación de la IV Convención de Ginebra en la ciudad palestina.

El paquete de otros fallos universales afirma la anulación y la ilegalidad de la decisión de anexar a Jerusalén o el cambio de sus rasgos.

Asimismo, la Carta de Naciones Unidas prohibió la anexión de tierras y regiones mediante el uso de la fuerza y la imposición del hecho consumado y de cualquier manejo, ya que la ocupación es una realidad provisional y forzosa sobre las regiones y está atada a límites marcados por el Derecho Internacional.

El respaldo imperialista a la actitud criminal sionista contra los derechos nacionales palestinos y a la acelerada agresión sangrienta, como por ejemplo, la guerra del Escudo Protector, la reocupación de las zonas de la Autoridad Nacional Palestina y el bloqueo a Yasser Arafat hasta su salida del país y posterior envenenamiento; además de otros hechos, como el asesinato de mil 443 palestinos entre el 27 de diciembre de 2008 y el 18 de enero de 2009 durante el ataque a Gaza (Operación de Plomo Fundido), permiten que Israel persista en su política de:

- Retener en sus prisiones a nueve mil 600 prisioneros palestinos con condenas severas, además de haber hecho pasar por sus cárceles a otros más de 400 mil, desde la ocupación en 1967 de Cisjordania, Jerusalén y Gaza hasta la actualidad.

- Construir el muro racista, que ha alcanzado hasta ahora 450 kilómetros y continúa los planes para agregar 300 más, pese a la resolución del Tribunal de La Haya para eliminarlo.

- Usurpar los territorios en Cisjordania para establecer colonos, mientras que en Jerusalén Oriental prosigue la destrucción de infraestructuras y de viviendas palestinas para traer a 190 mil nuevos colonos israelíes.

No habrá arreglo en actuales condiciones

Nuestra posición es: “no a las negociaciones con el colonialismo. No habrá arreglo sin la autoridad de las resoluciones internacionales.

Convocamos a los pueblos y fuerzas amantes de la paz a la lucha junto a nosotros para lograr una solución respaldada por la legalidad internacional como referencia para las negociaciones.

Llamamos a una conferencia internacional convocada por Naciones Unidas con mecanismos para ejecutar las resoluciones y con tiempo cronológico para llegar al objetivo de crear el Estado palestino soberano, sin muros y con Jerusalén Oriental como capital.

Así lo reconoció la iniciativa sueca para la Unión Europea, que abarcó un texto claro, señalando el Estado palestino sobre los territorios reconocidos en 1967, con Jerusalén Oriental como su capital; y declarando ilegales las medidas israelíes sobre la judaización, el muro y colonialismo. Esta propuesta fue, sin embargo, frustrada por Francia, Alemania e Italia al vaciar su contenido.

Esta iniciativa podía haber constituido una posición europea unida, lo que requiere una presión de las organizaciones jurídicas y de la sociedad civil para el retorno a la misma y a la Hoja de Ruta de la Cuarteta Internacional para la paz en el Medio Oriente (abril 2003), a la Declaración de la Cumbre de los estados de América del Sur y el Caribe y los estados árabes y la Organización para la Liberación de Palestina, realizada en Brasil 2010, además de las resoluciones de la ONU.

Llamamos a los países de América Latina y el Caribe y a los gobiernos del Tercer Mundo a reconocer al Estado palestino con la frontera del 4 de junio de 1967 con Jerusalén Oriental como capital, a intercambiar representaciones diplomáticas con dicho estado y a adoptar un proyecto de resolución a presentar en Naciones Unidas para admitir a este anhelado Estado como un miembro pleno dentro de sus instituciones.

Valoramos altamente la posición de la Revolución cubana de romper las relaciones diplomáticas con Israel en 1973, al igual que Venezuela y Bolivia más recientemente, en respuesta a la guerra sionista contra Gaza.

El gobierno expansionista de Netanyahu-Lieberman (Avigdor) expresa la base de la ocupación y el colonialismo. Su fondo racista se constituyó sobre un programa de cierre total de las posibilidades de arreglo político y paz global equilibrada basada en las resoluciones de ONU.

Las políticas sionistas demuestran la amenaza a cualquier proceso de paz y la señal de alarma sobre guerras en la región que, en caso de estallar, nadie conoce en que generación se detendrán. Luchamos por un cambio total de la actual realidad en el seno de nuestro pueblo con vistas a desarrollar un movimiento de liberación nacional democrático, y trabajamos para ampliar el círculo de solidaridad con nuestra causa.

Luchamos a los niveles palestino y árabe para ir al Consejo de Seguridad con el fin de lograr un proyecto de resolución que reconozca las líneas del 4 de junio de 19 67 como frontera del estado palestino.

En caso del veto estadounidense en el Consejo de Seguridad se acudirá a la Asamblea General , con una plenaria extraordinaria bajo la ley “Unión pro Paz”, según el Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas para obtener el decreto de reconocimiento al Estado palestino y aceptarlo como miembro con todos los derechos en esta organización internacional.

A nivel democrático-social palestino, luchamos mediante un programa múltiple e integral por una resistencia popular organizada, por una democratización de las instituciones y un plan concreto económico-social de la Asamblea Nacional Palestina para eliminar la pobreza y el desempleo. Es el momento de una campaña mundial que exprese la solidaridad con el pueblo palestino, su derecho al retorno y a la autodeterminación y a la creación del estado Palestino independiente, soberano, con Jerusalén Oriental como capital, sobre todo el territorio de 1967, en virtud de las resoluciones 194, 242, 338 y 237 de Naciones Unidas.

 
Notas:*Secretario general del Frente Democrático para la Liberación de Palestina
 
Fuente:Tricontinental. No. 172/2011 (publicación editada por la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina - OSPAAAL).
 

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