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2020, Gaza, Jerusalén y Cisjordania y la Corte Penal Internacional
Por: Ramón Pedregal Casanova
8 de enero de 2020
 

El Informe Goldstone condenaba la fragmentación de la población palestina por parte de Israel y sus restricciones a la capacidad de movimiento palestina; la discriminación institucionalizada contra la población palestina, tanto en los territorios palestinos ocupados como en Israel; la represión violenta de los manifestantes palestinos (así como de los israelíes) que se oponen a la ocupación y los ataques violentos sobre los civiles palestinos en Cisjordania por parte de los soldados israelíes y los colonos judíos que disfrutaban de impunidad legal; la detención tortura y maltrato de palestinos (incluyendo cientos de menores) y la ausencia de un juicio adecuado; la transferencia silenciosa de palestinos en Jerusalén Este con el fin de hacer una limpieza étnica; el anexar de facto el 10 por 100 de Cisjordania en el lado israelí del muro, algo que equivale a la anexión del territorio por la fuerza, contrario a la Carta de las Naciones Unidas; y su expansión mediante asentamientos, expropiaciones de tierras y demoliciones de las casas y aldeas palestinas. El Informe afirmaba que algunas de estas políticas constituían crímenes de guerra y también que violaban el derecho fundamental (ius cogens) palestino a la autodeterminación. ...La naturaleza deliberada y sistemática de las actividades no deja dudas a la misión de que la responsabilidad radica en primer lugar en quienes diseñaron, planificaron, ordenaron y supervisaron las operaciones.

(Norman G. Finkelstein, Gaza. Una investigación sobre su martirio. Traducción de Ana Useros Martín, Editorial Siglo XXI).

El autor mencionado, una personalidad mundial por su defensa de los derechos de los pueblos, perseguido, vilipendiado, expulsado de su cátedra universitaria en EEUU por su defensa incuestionada de la causa del pueblo palestino, expone en su libro la investigación que durante años ha llevado a cabo y de la que los sionistas no quieren que se conozca nada. Sus obras anteriores ya le habían convertido en un perseguido de los lobbies sionistas, del Mosad, de la cúpula fascista del ente israelí y de EEUU, recuérdese por ejemplo su obra La Industria del Holocausto, pero bajo el título Gaza. Una Investigación Sobre Su Martirio, ha cerrado por el momento el círculo sobre el sionazismo, dejando a la Corte Penal Internacional un documento del máximo valor. Y no pongo en duda que su propia investigación, la de la CPI, resulte transparente, otra cosa serán sus deliberaciones y la sentencia que sus jueces emitan, si es que llegan a ese punto.

¿A qué es debida ésta duda? Las dificultades se encuentran en la misma esencia de la Corte. Para situarse bajo ella había que firmar el Estatuto de Roma y Clinton, un sionista simulador, lo firmó pero no lo ratificó. Luego llegó un sionista sin ninguna simulación, Bush, criminal de guerra denunciado junto a Aznar y Blair, y retiró a EEUU en 2002 del Estatuto prometedor de aislar a los criminales de guerra y el criminal de guerra, representante de la élite imperial, creó una ley por la que los militares yanquis podían ejercer la violencia para impedir la detención de cualquier gringo para ser juzgado como criminal de guerra y por cometer delitos de lesa humanidad o genocidio. A esa ley para proteger criminales yanquis le dio/dieron el nombre de Ley de invasión de La Haya, ciudad en la que se encuentra la Corte Penal Internacional. La élite imperial, además, amenazó con bloquear a la Corte, otro bloqueo más a ejercer, en este caso sobre la justicia defensora de la humanidad y, por si la maniobra le fallaba compró a 100 países firmantes del Estatuto de Roma para que le firmasen la inmunidad de sus asesinos, comprometiéndose a no entregarlos a la Corte Penal.

Tras las maniobras estadounidenses se cobija el ente sionazi, que, sin firmar el Estatuto de Roma como EEUU -lo que le hace un régimen fuera de la Ley Internacional, tal y cómo se sitúa con sus incumplimientos de los derechos humanos, de las Resoluciones de la ONU, de los Acuerdos de Ginebra, de las sentencias de los tribunales- declara que la CPI no puede juzgarle porque no ha firmado el acuerdo.

Los dos regímenes enemigos de la paz y los derechos humanos han amenazado a la fiscal de la Corte Penal Internacional, Bensouda, con el mensaje de que si se atreve a considerarlos criminales de guerra le van a reventar su vida. Con esa amenaza ellos mismos se califican y tienen sentencia.

El papel que dejan en la historia los regímenes, o el régimen, de EEUU e Israel, no puede ser más nefasto: hasta hoy se contabilizan 30 millones de muertos causados por EEUU en las guerras que ha emprendido desde el final de la Segunda Guerra Mundial, pero el ente israelí no se queda atrás, su instalación colonial en 1948 en Palestina fue a través de una guerra de ocupación que llega hasta hoy y son ya cerca de siete millones de Palestinos los refugiados dispersos por el mundo y en campos de todos los países del entorno de Palestina.

Pero no se sorprendan por lo que pueda resultar en la CPI, Bensouda ya se posicionó contra el pueblo palestino en el caso del Mavi Marmara, el barco de la Flotilla de la Libertad para Gaza, que llevaba medicamentos y fue asaltado en aguas internacionales por los sionazis y asesinaron a 10 de los tripulantes, encarcelaron al resto y les robaron todo lo que llevaban, desde la ayuda médica a sus efectos personales, además de quedarse con el barco.

Bensouda, fiscal de la Corte Penal Internacional, en busca de desviaciones posibles, pregunta a la sala, con los tres jueces que ya decidieron en el caso del Mavi Marmara, por las dimensiones jurídicas de Palestina, y por si es o no competente para presentar la denuncia. Quiere decirse, tan sólo la movilización internacional puede salvar el derecho a la justicia del pueblo palestino, que la reclama y espera que le asista, ahora bien, para que esa defensa sea segura, se convierta en realidad, hay que disponer la coordinación de los pueblos para su movilización. Imprescindible para que la CPI cumpla con su función: juzgar a los criminales. La Corte tiene un último caso, en Oriente Medio, el asesinato del general iraní Qasem Soleimani, con el que EEUU-Israel buscan provocar una nueva guerra para continuar en su dinámica de destrucción de la legalidad internacional y del mundo.

 
Fuente: Rebelión
 

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