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Netanyahu: El estigma de los verdugos
Por: Juan Dufflar Amel
6 de diciembre 2019
 

A su condición de criminal de guerra, como lo califica el pueblo palestino, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, une a su vida política y personal la falta de probidad, honestidad y transparencia, que deben caracterizar a todo jefe de Estado o de gobierno. Es solo un sórdido y astuto marrullero.

Así lo establece la reciente acusación formal del fiscal general de Israel, Avichai Mendellblit, expuesta en 77 páginas, que le imputa estar involucrado en tres escándalos de corrupción, que incluyen soborno, fraude y abuso de confianza.

Hasta el momento, Netanyahu es el único primer ministro israelí acusado formalmente mientras desempeña esa función.

Los cargos penales abarcan a su esposa Sara Netanyahu, por investigaciones realizadas acerca del hecho de haber recibido la pareja regalos, por varios miles de dólares procedentes de Arnon Milchan, ciudadano israelí y destacado productor de Hollywood, del empresario australiano James Packer y por el otorgamiento de favores a la principal compañía de telecomunicaciones de Israel, Bezeq Telecom.

A ello, el órgano de justicia agrega el oscuro convenio del mandatario con el dueño del periódico más vendido en Israel, 'Yedioth Ahronoth', para obtener una mejor cobertura acerca del desempeño de su Administración.

La acusación establece que el juicio tendrá lugar en el Tribunal de Distrito de Jerusalén, sin darse a conocer la fecha de su inicio.

En el entorno familiar, el jefe de Gobierno se ha visto asediado por los continuos escándalos de su cónyuge, Sara, denunciada por maltratos y humillaciones al personal doméstico. En junio del 2018 la primera dama, fue acusada por el ministerio de justicia de «delitos de fraude sistemático y abuso de confianza» por haber realizado alteraciones y turbios manejos personales en los gastos de la residencia oficial entre 2010 y 2013.

Después de un año de proceso, el pasado mes de octubre, Sara llegó a un acuerdo con el ministerio de justicia al declararse culpable y comprometerse a pagar una multa de 2.500 euros y reintegrar otros 11.250 euros a las arcas del Estado. Lo que le valió no ser exonerada, pero sí evadir tener que ir a prisión.

Estas dolosas tribulaciones llegan a Netanyahu en aciagos momentos de su vida política por haber perdido las recientes elecciones parlamentarias como candidato de su ultraderechista partido Likud y no haber podido formar gobierno, lo que puede conducir al ocaso del corrupto líder.

Netanyahu quedó un par de escaños por debajo de su principal adversario Benny Gantz, líder de la organización Azul y Blanco, pero ambos están muy lejos de los 61 diputados que constituyen la mayoría en el Parlamento israelí.

No obstante su derrota electoral, el presidente de Israel, Reuven Rivlin, le encargó al actual mandatario formar un nuevo gobierno, lo cual situó al premier en una encrucijada por las divisiones y confrontaciones entre los diversos partidos que conforman el panorama político del país, que requerirán ir a una nueva elección parlamentaria.

Conforme a su insaciable avidez de anexarse los territorios palestinos ocupados y expandir en ellos los asentamientos de colonos judíos, Netanyahu prometió durante su campaña electoral incorporar a Israel lugares estratégicos del Valle del Jordán, en Cisjordania ocupada. Confirmación de su férrea negativa a la constitución de un Estado palestino con capital en Jerusalén oriental y en las fronteras anteriores a junio de 1967, negativa que cuenta con todo el apoyo del presidente de Estados Unidos, el iracundo Donald Trump.

Otro factor que nubla la estabilidad y seguridad nacionales es la incertidumbre y expectativas del pueblo israelí sobre los cambios de gobierno en el Estado, la intensificación del conflicto israelo-palestino, la confrontación con Irán y la intervención armada del Estado sionista en la Franja de Gaza, Siria y Líbano.

A ello se suman sus permanentes reclamos de mejoras económicas y sociales de vida, que se ven agravadas por la crisis económica que atraviesa Israel, a pesar de la dependencia financiera de Estados Unidos y el elevado presupuesto militar que embarga a la nación.

Aunque Netanyahu considera que todos los delitos que se le imputan obedecen a una cacería de brujas contra su persona y liderazgo, no es menos cierto que conforman una abultada factura, que el deshonesto gobernante no parece podrá asumir si está, como indican analistas y observadores, abocado al ocaso de su poder político.

 

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