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El fusil sin la rama de olivo
Por: Juan Dufflar Amel
25 de septiembre 2017
 

Si un discurso igualó en beligerancia, amenazas y prepotencia al pronunciado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ante el 72 periodo de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, fue el del iracundo primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu.

El jefe de Gobierno de una potencia nuclear que se ha negado a firmar el Tratado de No Proliferación, hizo gala en la tribuna mundial de su fidelidad a la política exterior de la actual Administración norteamericana, de su obsesiva iranofobia y rechazo al acuerdo suscripto en el año 2015 por Teherán, con el denominado Grupo 5+1, integrado por Estados Unidos, Rusia, China, Inglaterra, Francia y Alemania.

Fue ese, otro punto de coincidencia con el nuevo inquilino de la Casa Blanca, que ha anunciado la intención de retirarse de ese Tratado, al que desde sus inicios Tel Aviv se opuso férreamente, actitud que le acarrearon serias fricciones con el Gobierno del entonces presidente Barack Obama.

El mandatario israelí fue realmente osado en acusar a la República Islámica de Irán de los graves acontecimientos que convulsan al Oriente Medio y en específico a Siria, cuando es conocida la ayuda que presta en armas, logística e inteligencia al Estado Islámico (ISIS) y demás grupos terroristas que arrasan también a Irak, Yemen, Libia y otros países árabes.

Pero, lo inaudito de las alegaciones de Netanyahu, es pretender que la no solución del conflicto Israelo-palestino se debe a la Autoridad Nacional Palestina y no a Israel, que desde 1948, mediante masacres y guerras de agresión y rapiña, ocupa la mayor parte del histórico territorio palestino, en el que ha asentado a miles de colonos judíos, en desafío a las múltiples resoluciones de condena de las que ha sido objeto por el Consejo de Seguridad de la ONU.

En su intervención evadió todo compromiso de aceptación al establecimiento de un Estado Palestino, con capital en Jerusalén Oriental, dentro de las fronteras anteriores a junio de l967, a la liberación de miles de prisioneros palestinos hacinados sin causa en cárceles israelíes, e incluso al derecho al retorno a la patria de los millones de refugiados palestinos, víctimas de la persecución y la limpieza étnica sionista.

La tragedia de la Franja de Gaza, territorio en el que habitan más de dos millones de palestinos en tan solo una superficie de 350 km2, sometidos a un inhumano bloqueo aéreo, terrestre y marítimo por parte del ejército israelí, fue otro de los candentes temas eludidos en sus palabras.

Previo a su participación en la asamblea mundial, Netanyahu realizó una gira por tres naciones de América Latina: Argentina, México y Colombia, para promocionar las virtudes políticas y económicas del régimen sionista y arremeter nuevamente contra Irán.

Fueron tan efusivas sus muestras de simpatías para agradar a sus anfitriones, que, según un sagaz comentarista político, “solo le faltó vestirse de gaucho argentino en Buenos Aires, de charro mexicano en la capital azteca o de costeño colombiano, en Bogota”.

En su cartera de negocios la promoción de la venta de armas israelíes a potenciales clientes en América Latina, ocuparon un importante renglón en su objetivo de incrementar el comercio y las relaciones económicas bilaterales.

Pero para el Premier judío, ni su discurso en la ONU ni su turné latinoamericana le fueron todo lo favorable que pretendió.

En la ONU diversos jefes de Estado o Gobierno y Ministros de Relaciones Exteriores, apoyaron un Estado palestino independiente y denunciaron la represión que perpetra Israel en los territorios palestinos ocupados y demandaron el cese de la construcción de nuevos asentamientos en Cisjordania.

Y en las capitales de los países hispanoamericanos visitados, centenares de manifestantes se pronunciaron airadamente contra su presencia.

En el memorable discurso pronunciado por el histórico líder y presidente palestino, Yasser Arafat, en 1974 en la Asamblea General de Naciones Unidas, señaló que traía en una mano un fusil y en la otra una rama de olivo, exhortando a que no se dejara caer la rama de olivo.

La intervención del jefe de Gobierno del Estado de Israel, 43 años después del genocidio que aun perpetra contra el pueblo palestino, reafirmó ante el mundo que Tel AVIV porta el fusil, no la rama de olivo.

 

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