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Palestina, la fuerza de la unidad
Por: Juan Dufflar Amel
20 de octubre del 2017
 

Júbilo, esperanzas y expectativas en el pueblo palestino y la ira del Estado de Israel, ha despertado el acuerdo alcanzado entre el Movimiento Hamas y el Movimiento Al-Fatah, con la mediación de Egipto, de poner fin a sus divergencias políticas y a la división, en aras de consolidar una unidad imprescindible.

La materialización de los compromisos establecidos entre ambas entidades, señalan informaciones sobre lo pactado, conducirán a la disolución de la Administración de Hamas en la Franja de Gaza, establecida en el 2007, un año después de haber derrotado a Al-Fatah en las elecciones parlamentarias.

Esta medida de fuerza dio origen a dos Gobiernos en pugna, Hamas en Gaza y el de la Autoridad Palestina (AP) en Cisjordania.

La reconciliación entre el líder de Hamas, Ismail Haniya, y Mahmoud Abbas, líder de Al-Fatah y presidente de la ANP, encaminada a poner fin a la ocupación israelí de Gaza y Cisjordania y el bloqueo a Gaza, prevé la constitución el próximo diciembre de un Gobierno de unidad nacional, encabezado por Abbas y la celebración de elecciones generales en el plazo de un año.

Con anterioridad las dos organizaciones palestinas suscribieron acuerdos de entendimiento en la Mecca en el año 2007, en el Cairo en el 2011, en Doha en el 2012 y en Gaza el 2014, que fracasaron sucesivamente.

Para analistas políticos de la región el camino hacia el cumplimiento de estos propósitos no está exento de los diversos obstáculos que deben superar las dos organizaciones, luego de 10 años de arduas rivalidades, confrontaciones y gobiernos separados.

Bajo ocupación israelí y bloqueada por aire, mar y tierra por el ejército israelí, la Franja de Gaza, controlada por Hamas, es una zona de 360 kilómetros cuadrados, densamente poblada, donde se concentran 2 millones de palestinos, asediados permanentemente por los ataques, agresiones y represiones de las tropas sionistas.

Sus habitantes están sometidos a precarias condiciones de vida, por los constantes ataques israelíes, la severa carencia de agua, combustibles, servicios de electricidad, atención sanitaria, medicamentos, con un índice de desempleo del 40 %, y a las consecuencias políticas, económicas y sociales derivadas de una década de bloqueo israelí y división interna.

El territorio de Cisjordania, incluyendo a Jerusalén Oriental, es asiento del Gobierno de la AP, y está también desde 1967 bajo la ocupación de Israel, que ha construido cientos de ilegales asentamientos de colonos judíos, levantado un ignominioso muro de separación y continúa ejerciendo una brutal represión contra la población árabe-palestina en esa región.

Esta coyuntura, según analistas políticos, conduce a que en la formación de un Gobierno de unidad nacional estén representadas todas las fuerzas que integran la Organización para la Liberación de Palestina, (OLP) mancomunadas en la lucha contra la ocupación israelí y la constitución de un Estado independiente, con Jerusalén Oriental como su capital y dentro de las fronteras anteriores a junio de 1967.

Benjamín Netanyahu, el iracundo primer ministro de Israel, denostó de inmediato el acuerdo de reconciliación y aseguró no reconocerlo y tomar medidas de represalias si este llega a materializarse, alegando, sin inmutarse, que “dificulta la paz israelo-palestina”.

De las palabras, el Premier pasó a los hechos lanzando redadas masivas del ejército contra medios de comunicación palestinos en la ocupada Cisjordania y deteniendo a sus dirigentes.

Según fuentes palestinas, los soldados israelíes han atacado más de ocho de estos medios de prensa, entre ellos los canales de televisión Al-Quds, Pal Media, Tran Media, así como las cadenas Al-Aqsa y Filastin Al-Youm, alguno de los cuales fueron cerrados por un periodo de seis meses, e informaron también de enfrentamientos de las fuerzas represivas con los residentes de las localidades donde se produjeron las redadas.

Tras la airada reacción de Netanyahu, el enviado especial de Washington para el Oriente Medio, Jason Greenblatt, respaldó la posición del régimen de extrema derecha sionista de condicionar la reanudación del proceso de paz con el desarme de Hamas, el fin de sus relaciones con Irán y al reconocimiento palestino de Israel como Estado judío.

Condiciones que hicieron fracasar las negociaciones entre ambas partes en el 2013, interrumpidas tres años antes por la renuncia de Tel Aviv a poner fin a la construcción de nuevos asentamientos en los territorios palestinos ocupados mediante guerras de agresión y rapiña.

Sujeta todavía a avances sustanciales y a una participación efectiva de todas las organizaciones palestinas en un Gobierno de unidad interna y reconciliación nacional, la voluntad de concertación expresadas en el acuerdo Hamas - Al-Fatah, es acogida por el pueblo palestino como garantía de mayor y más sólida fortaleza en la patriótica gesta por desalojar de su suelo al ocupante israelí, constituir su Estado soberano, liberar a sus miles de prisioneros en las cárceles sionistas y lograr el retorno de sus millones de refugiados.

 

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