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Mujeres palestinas tras las rejas de la ocupación
13 de enero 2018

Las fuerzas de la ocupación israelí someten al pueblo palestino a innumerables y crueles maltratos, agresiones y torturas, tanto a hombres como a mujeres, ya sean adultos, niños o ancianos, sanos o enfermos.

El Centro de Estudios “Prisioneros de Palestina” documentó 170 casos de arrestos arbitrarios de mujeres, perpetrados por las fuerzas de la ocupación durante el año 2017. Entre las mujeres arrestadas hay adultas, jóvenes, niñas, ancianas y enfermas, muchas son madres, varias de ellas fueron heridas antes de ser arrestadas, y una de ellas falleció a causa de las heridas.

Desde el comienzo de la rebelión popular en defensa de la mezquita de Al-Aqsa y la ciudad de Jerusalén, las tropas ocupantes han incrementado el arresto de niños y mujeres, ya sea para castigarlos por participar de las manifestaciones o para presionar a sus familiares (padres, esposos, hijos, hermanos…) encarcelados. La mitad de las mujeres arrestadas durante 2017 son de Jerusalén. 20 mujeres, madres o esposas de prisioneros políticos, fueron arrestadas durante su visita a su hijo o esposo encarcelado.

De los 6 casos de mujeres heridas antes del arresto, documentados por el Centro durante 2017, uno fue fatal. A Fátima Taqatqa, de 16 años, del distrito de Belén, los soldados le dispararon directo a la cabeza, en el cruce de Etzion, con el pretexto de que intentó atropellar a un grupo de colonos. Después de herirla la pusieron bajo arresto y la enviaron a la unidad de cuidados intensivos de un hospital israelí. Dos meses después, anunciaron su muerte.

Las otras 5 mujeres heridas por disparos y luego arrestadas son: Taqua Hammad, de 17 años, de Ramallah, fue herida en sus pies, mantenida en arresto durante una semana y luego liberada bajo fianza; Manar Mujahed, de 29 años, jerosolimitana, fue herida en un pie y en la cintura, con el pretexto de que llevaba un bolso sospechoso, cuando pasaba por un puesto de control; Asia Al-Kaabana, de 40 años, de Ramallah, fue herida con el pretexto de que planeaba apuñalar a una mujer soldado; Asma Waridat, de 25 años, de la aldea de Al-Dahiriya, fue herida en una pierna, de la que tuvo que ser operada, y mantenida en arresto durante una semana; y Manar Abu Rayan, de 17 años, fue herida con balas recubiertas durante una manifestación y secuestrada, junto a otra joven que la acompañaba, de la ambulancia que la trasladaba al hospital.

Entre las 23 menores arrestadas durante 2017, se encuentran: Ahed Tamimi, de 17 años, que abofeteó a un soldado después que éste disparara contra su primo Mohammed, dejándolo muy malherido, y su prima Nur Tamimi, de 20 años, que fue liberada bajo fianza hace unos días. Un día después de arrestar a Ahed, a quien arrancaron de su casa en mitad de la noche en un operativo que movilizó más de 20 jeeps militares, las tropas de la ocupación arrestaron también a su madre, Nariman Tamimi.

Las niñas de menor edad arrestadas son: Hadil Al-Rajbi, de sólo 12 años, jerosolimitana, que fue sometida a interrogatorio en el Complejo Al-Moskobiye (un conocido centro de tortura); Ghada Shamas, de 14 años, fue arrestada al pasar por un puesto de control y acusada de poseer un cuchillo; Aya Amr, de 14 años, acusada de poseer un cuchillo; Malak Ghalid, de 14 años, del campamento de refugiados Al-Jalazun; y Sujud Assi, de 14 años, que fue además golpeada en un puesto de control.

Durante 2017 los tribunales de la ocupación emitieron crueles condenas contra mujeres palestinas: Malak Salman, de 16 años, fue condenada a 10 años de prisión; Marah Bakir, de 17 años, condenada a 8 años y medio de prisión y una multa de 10.000 shekels; Shatila Abu Ayada, de 24 años, condenada a 16 años de prisión y una multa de 100.000 shekels (Shatila es de Kufr Qassem, en los territorios ocupados desde 1948); Manar Shueiki, de 16 años, condenada a 6 años de prisión; Ansam Shawahna, de 20 años, condenada a 5 años de prisión; Lama Bakri, de 17 años, condenada a 39 meses de prisión; Istabraq Tamimi, de 22 años, condenada a 2 años de prisión; e Ibtisam Mussa, de 59 años, condenada a 2 años de prisión.

La ocupación también emitió 9 órdenes de detención administrativa contra mujeres, todas acusadas de “incitación” en Facebook. Continúan bajo detención administrativa 3 mujeres: la diputada Khalida Jarrar, de 53 años, cuya detención fue renovada por otros 6 meses; Khadija Rabai, de 33 años, madre de 5 hijos, detenida por 3 meses; y la periodista Boshra Tawil, de 25 años, detenida por 4 meses.

Aunque todas las mujeres padecen condiciones inhumanas, maltratos y torturas dentro de las mazmorras israelíes, es especialmente cruel la situación de las prisioneras enfermas. Se encuentran en grave estado de salud Nisrin Abu Kamil, de 40 años; Abla Al-Adem, de 45 años, que está herida; Ghadir Al-Atrash, de 22 años; Jihan Hashima, de 36 años; Halwa Hamamra, de 26 años. Ninguna de ellas recibe tratamiento adecuado.

Merece destacarse el caso de la prisionera Israa Jaabis, de 32 años, de Jabal Al-Mukaber, en Jerusalén, que fue arrestada en octubre de 2015 y condenada a 11 años de prisión, acusada de planear una operación comando.

Cuando pasaba con su automóvil a unos 500 metros de un puesto de control, los soldados dispararon contra su vehículo haciendo explotar una garrafa que Israa trasladaba, junto a un televisor, hasta su casa.

Un 60% de su cuerpo sufrió quemaduras de primer y tercer grado en la cara, las manos, la espalda y el pecho. El fuego derritió sus dedos, perdiendo la primera falange en ocho de ellos, y los dejó adheridos. Casi destruyó una de sus orejas, y deformó su nariz y uno de sus ojos. Las adherencias en otras partes del cuerpo limitan sus movimientos y la infección causada por la ausencia de tratamiento de sus terribles heridas le provoca intensos y constantes dolores.

A continuación de la explosión, provocada por los disparos de los soldados, Israa fue trasladada a un hospital israelí. Tres meses después, y antes de completar el tratamiento de sus heridas, fue llevada a la prisión de Hasharon, donde no recibe tratamiento alguno, sólo analgésicos, que no curan sus heridas ni calman los dolores que la atormentan.

Israa necesita con urgencia ser intervenida quirúrgicamente, no sólo por razones estéticas, sino también para recuperar la movilidad. Necesita tratamiento de las infecciones, que se podrían haber evitado aplicando apósitos especiales en las zonas quemadas.

Los soldados le dispararon sin razón, los jueces la encarcelaron sin razón y los carceleros, sin razón, la privan de tratamiento médico e incluso de recibir la visita de su único hijo.

Fuente: asrapal.net
 

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