Hace 29 años, entre el 16 y 18 de septiembre de 1982, las fuerzas falangistas libanesas masacraron a la población palestina en los campamentos de Sabra y Chatila.
La matanza comenzó a las seis de la tarde del jueves 16 de septiembre de 1982, cuando el ejército israelí, que en ese momento ocupaba Beirut y era comandado por el entonces ministro de defensa, el criminal Ariel Sharon, facilitó el ingreso de más de 300 elementos de las milicias derechistas libanesas al área de los campamentos de Sabra y Chatila.
La masacre prosiguió hasta las ocho de la mañana del sábado 18 de septiembre, o sea más de 36 horas de asesinatos en medio del total, absoluto y hermético silencio de Israel. Miles de personas, entre ellos niños, mujeres, incluso embarazadas y ancianos fueron vejados de las peores maneras y algunos apuñalados, pasados por las bayonetas y destrozados antes o después de ser asesinados.
Según informes de periodistas que llegaron al lugar pocas horas después también hubo masivas ejecuciones de jóvenes. Un testigo directo, el periodista estadounidense Thomas Fredman, del diario The New York Times, dijo: “He visto frecuentemente grupos de jóvenes en la edad de entre veinte y treinta años que fueron alineados junto a las paredes, atados de manos y pies y exterminados a posteriori con ráfagas de ametralladoras al estilo de las bandas profesionales de gangsters”.
Los ejecutores de esta carnicería eran miembros de la falange Fuerzas Libanesas, una milicia armada por Israel que constituyó el más fiel aliado de Tel Aviv desde el desencadenamiento de la Guerra Civil en el Líbano, en 1975.
Los actos criminales fueron llevados acabo en una zona bajo el total control del ejército israelí, el que incluso tenía establecido un puesto de mando en la azotea de un edificio a 200 metros al sudoeste del campamento de Chatila.
La operación de irrupción comenzó mientras el ejército sionista, que cercó ambos campamentos, impedía la entrada y salida y lanzaba proyectiles de iluminación nocturna para facilitar la tarea de las milicias. Los soldados sionistas ofrecieron ayuda a las milicias maronitas durante la matanza.
Las informaciones sobre la masacre comenzaron a filtrarse después de la huída de varios niños y mujeres hacia el Hospital Acre en Chatila, donde informaron a los médicos de lo ocurrido, mientras las noticias al respecto llegaron a los periodistas extranjeros en la mañana del viernes 17.
De las 20 mil personas que se encontraban dentro de esos dos campamentos en el momento en que comenzó la carnicería, 3 297 hombres, mujeres y niños fueron asesinados en menos de dos días. De ellos, 1800 fueron ultimados en las calles y callejuelas, 1097 en el Hospital Gaza y otros 400 en el Hospital Acre. Entre los cadáveres se encontraron más de 136 libaneses. No obstante, otras fuentes estiman que la cifra exacta de víctimas jamás será conocida, pues otros cientos de palestinos fueron masacrados sin poder registrarse oficialmente su deceso.